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lunes, 29 de agosto de 2016

En busca de la Edad de Oro, Javier Sierra

Soy consciente de que esta entrada, y mi opinión sobre la tesis del libro del que voy a hablar, puede generar sorna y risas en muchos de los que me leéis, pero aún así he querido hablar de él y compartirlo porque el interés por estos temas también forma parte de mí. 

El nombre de su autor, Javier Sierra, se asocia casi siempre a Iker Jiménez y sus programas de misterio y fantasmas en radio y televisión; y sus temas son ampliamente considerados como estupideces o cosas peores. No es mi caso, bueno, con matices. 
Iker Jiménez me parece un gran comunicador, una persona con una habilidad especial para contar historias, crear un clímax en la audiencia y despertar la imaginación del oyente, aunque también es cierto que casi no le he visto en la tele, y que su cara y gestos pueden romper en pedazos el carisma de su voz. 
Por eso me quedo con sus programas de radio, que me han acompañado en interminables horas de limpiar bares y mierda ajena, y que me han trasladado a lugares y acontecimientos lejanos y extraños.
Hace muchos años empecé escuchando Espacio en blanco, de Miguel Blanco, en la cama, con los ojos entrecerrados por el sueño debido a las altas horas de la noche a la que se emitía. Pero en los últimos tiempos los temas e invitados del programa me parecían cada vez más insípidos y políticamente correctos y, por aburrimiento, dejé de seguirlo. Entonces, aunque al principio tenía algunas reticencias, empecé a escuchar Milenio 3, pero como lo oía en diferido, a través del podcast, solo me descargaba los programas que me interesaban, aquellos sobre vestigios extraterrestres, civilizaciones perdidas, transhumanismo y conspiraciones variadas. Los programas sobre fantasmas, psicofonías, casas encantadas y médiums no me atraen, además de que me dan miedo. 

Lo que quiero hacer notar es que los temas que me interesan están en la línea de la ciencia ficción, a la que tan aficionada soy, y me los tomo con una mezcla de credulidad e incredulidad en suficiente equilibrio como para emocionarme, hacerme soñar y fantasear con mitos, posibles realidades y explicaciones alternativas a la plana realidad del día a día. 
Me gusta imaginarme el universo, su grandeza, meteoritos desprendiéndose de sus constelaciones y fecundando nuestro planeta con su panesperma extraterrestre. Fantaseo con civilizaciones ancestrales, de las que solo quedan vestigios, y cuyas huellas puedo rastrear... En estas fantasías supongo que influye la fascinación que despertaba en mí El doctor Jones ("Indi"), y un Harrison Ford joven y potentorro, cuando todavía era una cría.

Y entonces me encuentro con La edad de oro, y mientras lo leo, igual que me pasó con El retorno de los brujos y otros libros medio esotéricos que he merendado a lo largo de vida, me zambullo en lo que cuenta Javier Sierra, en la investigación que le ha llevado a recorrer todo el globo durante décadas en busca de esas huellas ocultas, en sus encuentros con personajes estrambóticos, tiernos y bastante bizarros que salpican sus páginas.
Y descubro la relación entre las pirámides de Egipto, las pirámides Mayas, las catedrales góticas de Francia y el pueblo Dogón. Salen a la luz las analogías (quizá solo poéticas) que conectan los mitos de las culturas sumeria y peruana. Las ruinas de la Atlántida, mapas imposibles y pinturas renacentistas con objetos llegados del futuro escondidos en sus lienzos.
Todo acaba apuntando a  la estrella Sirio
Es reconfortarte pensar en un plan que une aquello que parece no tener relación entre sí, subirse al carro de la arqueología maldita, la silenciada por el establisment. 
Y me cae bien Javier Sierra, un escritor verosímil, con una sana vena periodística y cuestionadora en sus investigaciones, en las antipodas del iluminado místico que solo acepta su verdad.
Si la realidad se os hace dura, lo cual no es raro en vista de lo que hay por ahí fuera, por qué no escaparse un rato de ella y explorar una explicación mítica de los orígenes de la civilización.

(*Si te interesa este libro y no lo encuentras en tu librería de barrio o en la biblioteca, puedes comprarlo a través de este enlace y ayudarme a mantener el blog. Muchas gracias).







domingo, 26 de julio de 2015

Ciencia ficción


Me encanta pensar de mí misma que soy una buena lectora de ciencia ficción. Este género, considerado por gran parte de la crítica como menor, serie B o simple entretenimiento para adultos frikis, me ha dado grandes momentos de lectura, y sus visiones de mundos distorsionados, lejanos o distópicos muchas veces responden a inquietudes que los libros realistas no se atreven a abordar.
Sin embargo, para ser sincera con la realidad, no es un género que conozca muy en profundidad y varios de los libros que he leído me han decepcionado bastante. ¿Por qué? Porque la ciencia ficción mal escrita puede ser realmente mala, llena de clichés, con personajes planos, tediosa e inverosímil.
En mi viaje particular por este género se encuentran obras cumbres que se han anticipado a su tiempo y han pasado a formar parte del imaginario colectivo como 1984, de George Orwell, Un mundo feliz, de Aldous Huxley o Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Todas ellas distopías jugosas, inquietantes, visionarias y que en cierto sentido han sido superadas por nuestra jodida realidad occidental. 

También me han parecido muy interesantes los acercamientos ecofeministas a la ciencia ficción de la escritora Ursula K. L Guin, entre elllos La mano izquierda de la oscuridad, Los desposeídos o El nombre del mundo es bosque.
S. me acercó a Orson Scott Card y su adictiva saga de Ender, además de al Mundo río y A vuestros cuerpos dispersos, del irregular Philip J. Farmer.
Arthur C. Clarke, me pareció demasiado técnico y su forma de escritura muy lenta y con poca acción. La novela suya que he leído, Cita con Rama, mostraba ideas interesantes y un trasfondo filosófico original y atrayente, pero recuerdo subir las infinitas escaleras del artefacto extraterrestre junto con el astronauta y sentir sobre mis hombros la misma carga gravitatoria que él con cada página que conseguía leer. A Assimov y Stanislaw Lem los debí agarrar en un mal momento y los abandoné a su suerte. 
Últimamente he leído dos libros cercanos a la ciencia ficción que me han gustado mucho. En ellos está reflejado el subgénero que más me atrae: las distopías, los futuros lejanos o cercanos postapocalípticos o en vías de serlo, el malestar de nuestra sociedad hipertecnificada y los peligros y desafíos a los que nos enfrentamos. Para mí estos temas no son solo ficciones, sino metáforas, y creo que encierran muchas verdades que la literatura realista esquiva tachándola de juegos evasivos. Estas dos novelas son Cenital, que ya reseñé por aquí, y El círculo, de Dave Eggers. 
En esta entrada quería hablar sobre Vurt, de Jeef Noon, pero ya se me ha hecho muy larga, así que la titularé "Ciencia ficción" y haré la crítica de la novela en la próxima entrada.





viernes, 3 de julio de 2015

20.000 páginas vistas

Otra vez medusas asociadas a mis números.
A pesar de que las "páginas vistas" no es una expresión que suene muy bien y tampoco se sabe a ciencia cierta qué significa, aquí me encuentro, habiendo llegado a esta cifra de clics en mi blog. Me encantaría pensar que veinte mil ojos han leído mis palabras, pero me estaría engañando ya que bastantes de esos miles solo se quedaron unos segundos curioseando la ilustración que me ha hecho Rubén o el lavado de cara de diseño de Maru
Otros muchos son solo dos y unas gafas, los de mi madre, que me sigue fielmente y también participa con sus propios artículos.
Pero sí es cierto que cuando publico entradas regularmente vosotros/as también me leéis más (el problema es que en cuanto tengo más trabajo en el "mundo de fuera" la frecuencia de publicación se resiente aquí dentro).
Toda este rodeo venía a cuento de algo que he visto en algunos de los blogs que sigo, y que me gusta. Estos blogs publican periódicamente informes sobre cómo van, su evolución, cifras, retos y resultados. Esto era algo que también me apetecía hacer en Meriendo libros y que puede ser un buen momento según vaya alcanzando las docenas de miles de visitas (hala, que se acumulen). Así aprovecho también para poner una foto de medusas (graciosas, gelatinosas y volátiles) que identifiquen la entrada.
Sin más preámbulos, ahí van los datos:
  • Las primeras diez mil visitas las alcancé en noviembre de 2014, a los once meses de haber empezado con el blog. He llegado las veinte mil en junio de 2015, siete meses después, y esto significa que aunque las visualizaciones del blog siguen siendo muy modestas, voy avanzando y cada vez me leen más personas. 
  • Sé que publico poco y de forma bastante irregular así que seguro que pierdo a aquellos lectores que esperan una periodicidad en las publicaciones. También aventuro que tengo lectores de una sola entrada que aterrizan aquí por casualidad y que por un motivo u otro nunca vuelven a entrar.
  • Mi idea era publicar como mínimo una vez por semana y hay meses que lo consigo, pero hay poquísimos meses en los que escriba más de cinco entradas.
  • Hasta ahora he publicado 83 entradas. Tengo 26 seguidores y ningún suscriptor.
  • La entrada con más comentarios, 12, es "Qué sí, que el alemán puede ser bonito" con 12 comentarios y como vi que os gusto el tema he seguido escribiendo una serie de entradas sobre mis infortunios (y alegrías) en el aprendizaje del alemán, que ha tenido bastante éxito, ya que la entrada más vista de todo el blog es "Recursos que utilizo para aprender alemán" con 1.081 visitas.
  • El día que más personas se han paseado por aquí tuve 150 visitas y el día que menos unas 5. Todavía no ha habido ningún día sin visitantes, y espero que siga así.
  • A pesar de que en principio iba a ser un blog solo de literatura (básicamente reseñas y opiniones sobre los libros que leo o que me interesan), las ideas sobre qué temas escribir han ido variando y también me ha apetecido escribir sobre libros para niños, mis acercamientos a la escritura como escritora o el aprendizaje de idiomas.
  • Me he propuesto hacer series de entradas como los resúmenes de lecturas por meses en las que nombro y hago un pequeño apunte sobre cada uno de los libros que leo y que no tengo tiempo de reseñar por separado, las recomendaciones rápidas y la serie de libros para niños. Me gustaría que tuvieran periodicidad, pero por ahora solo lo he intentado con los libros infantiles y espero poder escribir una reseña a la semana de este tipo de libros. 
  • También abrí una página de Facebook sobre todo para enseñar fotos de libros en diferentes sitios y situaciones. A 456 personas les ha gustado y se han tomado la molestia de apretar el botón del dedo (con el dedo). Si todavía no lo has hecho te lo agradecería mucho para seguir difundiendo el proyecto. Puedes hacerlo aquí.
Y aunque me dejo cosas este es un acercamiento en números a lo que ha sido el blog este año y medio largo. Tengo muchas ideas y ganas de escribir, pero también tengo que comer y pagar facturas así que si me quieres ayudar cualquier donativo es bienvenido (hay un botón para tal menester en la columna de la derecha).
P.D.: Si hay algo sobre lo que os apetezca que escriba no tenéis más que decirmelo en el "páramo" de los comentarios.

Un abrazo enorme.




miércoles, 20 de mayo de 2015

Leer en el metro

Y... bueno, pues sí, me quería tirar un poco el rollo de que leo a Baudrillard, pero todo es un montaje. Juro que lo he intentado, pero ha sido demasiado hermético para mí, y esta foto me la ha hecho M. así que es posada.

Leer en el metro, ese clásico, uno de mis grandes placeres; y ahora aún más en los metros al aire libre (o S-Bahn) en los que cuando levanto la cabeza del libro puedo ver el paisaje y no solo las malhumoradas caras mañaneras de todos los que vendemos nuestro preciado tiempo por un puñado de monedas digitales. 
Paso una media de tres horas al día en el transporte público. Son muchas horas, así que lo mejor que puedo hacer es aprovecharlas y siempre que puedo disfrutarlas con un libro. 
Esta costumbre me viene de antiguo. Las líneas 1,6 y 5 del metro de Madrid. Muchas veces iba tan lleno que me hacía la fuerte sentándome con mis pantalones de pitillo en el suelo del vagón a leérmelo todo. A veces también a escribir, recreándome en la sensación de creerme una escritora incomprendida.
También es muy gozoso mirar lo que leen los demás, y clasificarlo por Eras librescas. El metro es muy dado al bestsellers así que durante varios años todo el mundo leía Los pilares de la tierra de Ken Follet, y F. se echaba las manos a la cabeza confirmando sus peores temores. Hubo otra temporada en que la consigna era llevar cualquiera de los libros de la trilogía de Millenium, en la que yo también caí (aunque en la intimidad de mi hogar), y otra larga de Dan Brown y sus misterios vaticanos. El metro es el mejor lugar para leer cualquier cosa de serie B (o Z) y para pasear sin complejos esos tochos de mil páginas llenos de intriga, conspiraciones, romance, sexo y personajes previsibles.
Espiar las lecturas de los demás también es un placer, y enamorarse durante cinco paradas de ese chico que lee el libro con mayúsculas o que espía el tuyo por encima de tu hombro.
Cuantas señoras habrán ido leyendo en el metro Cincuenta sombras de Grey envuelto en papel de regalo para leerlo sin vergüenza y disfrutar en secreto.
Conclusión: ¡Qué pena de smartphones! No invadáis también nuestro suburbano, el que hasta hace dos días nos pertenecía solo a nosotros, los lectores.




viernes, 10 de abril de 2015

a veces la musica...

(Nota: esta entrada la he escrito para ser leída mientras se escuchan las canciones que he añadido al final).
Cualquiera que lea estas líneas sabe que la vida a veces se pone dura, y que en esos momentos es difícil no ver solo lo negro, que todo se nos hace cuesta arriba y que la realidad, acelerada e injusta, no ayuda al optimismo, y sin embargo... a veces solo con mirar a las niñas y los niños jugar, con cerrar los ojos y respirar, con escuchar la música adecuada. 
Hace dos días descubrí a la cantautora Natalia Lafourcade y ella ha conseguido con sus canciones que el viento sople en otra dirección, conectándome con aquello que tengo roto en mi interior y que necesito sanar.
Esta poesía es para ella. Gracias, Natalia.

Ya creía que la música había perdido sus poderes,
cuando ya nada me removía.
Llegó ella, y en un segundo 
me hizo de nuevo consciente,
mis venas latiendo fuerte,
el recuerdo de mi placenta bombeando vida.
Como un árbol enraizado mis pelos florecen
y se erizan con sus notas.
Dejo que el sol me acaricie, 
me limpio de todo lo feo
que no podía dejar de ver.
"Yo te llevo adentro, hasta la raíz".
El asfalto se rompe con mi caminar, oigo las plantas crujiendo bajo el suelo y su poesía es zumo de inspiración para materializar esa selva fresca que se esconde detrás de las fachadas "para el espíritu elevar y dejarlo llegar al fin". Hay  marimbas y tambores, el olor de las olas rompiendo furiosas. Me cruzo con sonrisas recién despertadas. Estábamos tan tristes. Ahora pataleamos a conciencia "voy a crear un canto para poder exigir que no les quiten a los hombres lo que tanto les costó construir". Eleva tu canto, Natalia, mi siesta era pesada y duraba ya demasiado, silbo y paladeo tu voz. Estás aquí, tan cerca, con tu música.
(Para Natalia Lafourcade)






jueves, 19 de marzo de 2015

Tesoros encontrados: libros con conciencia ecológica


Ya he contado por aquí algo sobre la arraigada cultura del reciclaje que tienen los alemanes. Mi impresión es que la vida útil de las cosas es bastante más larga que en otros países occidentales. Hay muchas tiendas de electrodomésticos, muebles y objetos de segunda mano, así como de ropa y juguetes, y la gente acude a ellas normalmente sin esconderse del vecino (como creo que hasta hace poco pasaba en España).
Supongo que esta mentalidad está en parte relacionada con sus tradición calvinista en la que el ahorro y el esfuerzo son cualidades muy valiosas, pero también hay otra parte de conciencia ecológica, o eso me gustaría creer. Otra costumbre estupenda que yo tampoco había visto nunca es dejar en la calle, dentro de una caja, cosas que ya no quieres con el aviso de zu verschenken o zu mitnehmen, que significa para regalar/para llevar. A veces no son objetos sino electrodomésticos en los que el propietario ha puesto el cartel correspondiente diciendo si funcionan o por qué están estropeados. Es una idea muy buena, pero es cierto que a veces hay calles que parecen basureros, llenas de cosas tiradas, algunas en muy mal estado. Supongo que tiene que ver el que no haya día de recogida de enseres sino que se debe llamar a un servicio de limpieza que te cobra entre 50 y 100 euros depende del objeto a recoger. Muy mal pensado, aparte de que la policía de la buena convivencia (no me acuerdo cómo se llama en alemán) te pondrá un multón si te pillan dejando cosas voluminosas en la calle. Tengo un amigo que quería tirar un colchón viejísimo y decidió trocear la goma espuma minuciosamente y poner cada día un poquito en su bolsa de basura, casi como si tuviera que deshacerse de un cadáver sin dejar pistas.

Ya me estoy yendo por los cerros de Úbeda. Lo que quería enseñaros son algunos de los tesoros que me he ido encontrado en la calle o en los bazares de las bibliotecas, de los que ya hablé en esta entrada. Hoy he recopilado tres libros que a pesar de estar editados en los años 70 son igual o más útiles ahora mismo. Los voy a comentar siguiendo el orden de derecha a izquierda de la foto. 
El primero es Im Grünen y es básicamente una guía de campo: observación de animales y plantas, recolección, orientación, primeros auxilios. Todo con dibujos y esquemas muy detallados. Una joya del año 1976 en perfecto estado.
El segundo es Die sogenante Eergiekrise oder die Lähmung der Gesellschaft, de Ivan Illich, cuya traducción sería "La conocida como crisis energética o la parálisis de la sociedad". Este también me lo encontré en la calle y parece más bien que él me buscó a mí ya que su tesis conecta con una de mis preocupaciones de los últimos años. Solo lo he ojeado pero tiene mucho que rascar. El nombre del autor me sonaba vagamente, ahora sé que era un pensador y crítico austriaco de filiación libertaria que escribió y reflexiono sobre el sistema educativo y la creciente demanda de energía en nuestra sociedad. Una joya editada por primera vez en 1974.
Tetas al viento
 Y el último libro es Das Rezeptbuch für Naturkosmetik, o lo que es lo mismo un tratado de fabricación casera de productos de cosmética e higiene personal. Muy completo, dividido por apartados y lleno de recetas libres de químicos y ecológicas para dejar de comprar tantos potingues. Eso sí, hace falta tener tiempo para poder ponerlas en práctica. Este también parece un regalo de la vida. Ya me encargaré de ir difundiendo lo que aprenda. La portada de este libro, editado en 1976, es muy divertida, con su reivindicación del naturismo y el nudismo (el llamado en alemán FKK, Frei Korper Kultur), tan entrañable, higienista y diferente al actual culto al cuerpo. 
En otra entrada hablaré de más tesoros encontrados. ¿Qué os han parecido estos?




 

martes, 13 de enero de 2015

Una novela me ronda


Una novela me ronda. La misma que está ahí agazapada desde hace más de diez años, y a la vez otra completamente diferente que he ido construyendo, destruyendo, deconstruyendo y volviendo a construir en mi cabeza al tiempo que yo cambiaba y que todo a mi alrededor se movía, cada vez más rápido, y lo que quería contar dejaba de tener el sentido que yo quería darle y adquiría otro.
La ciencia ficción poética sigue siendo el germen, eso no ha cambiado, aunque la poesía sea cada vez más oscura. Cuando no escucho ese impulso que me lleva a escribir, algo me duele, pero la falta de tiempo y la pereza son gusanos insaciables que lo vuelven todo más difícil. 
Todavía sin disciplina bosquejo escenas y personajes, cuesta sacar las palabras de dentro, pero a veces lo consigo.
Hay una protagonista. Es muy posible que se vaya a llamar Olivia. Quise narrarla en primera e incluso en segunda persona, quería experimentar con el yo ficcional. Ahora creo que la historia la narraré en tercera persona, centrándome más en lo que quiero contar y menos en el experimiento, aunque ella sea también yo, una "yo" que me gustaría ser y otra de la que me avergüenzo.
¿Será este año el que consiga escribirla?










lunes, 5 de enero de 2015

Qué me gustaría leer en 2015

Collage desangelado de alguno de los libros que me encantaría leer este año.

¿Conseguiré leerlos? La precariedad y la falta de una biblioteca bien surtida en mi idioma en mi ciudad de residencia no presagian nada bueno. Quizás alguno de vosotros tenéis uno de estos libros, ya lo habéis leído y os apetece mandármelo (ji,ji,ji); otra posibilidad es donarme un eurillo para que pueda comprarlos. Aquí os dejo el enlace. 

¡Muchísimas gracias!











miércoles, 31 de diciembre de 2014

Mis lecturas preferidas de 2014


Copiando inspirándome en muchos de los blogs de reseñas y literatura que leo, y en concreto en esta entrada con fotos del blog de Miguel Alcazar voy a hacer un resumen visual de los libros que más me han removido/gustado/impresionado a lo largo de este año. No están ordenados por orden de preferencia ni de lectura.
 


Reseña
  
Reseña
Reseña
Reseña
Reseña

Reseña
La constancía no ha sido una de mis virtudes, así que para mí continuar con este proyecto cada vez más ilusionada y dedicándole más tiempo es todo un logro. Empecé el blog en enero de 2014 y ya llevo casi un año escribiendo sobre lo que leo, y escribiendo más en general. El año que entra espero seguir haciéndolo, y que me acompañéis.

P.D.: Ejemmm, como deduciréis de mi penosa presentación visual, de este año no pasa aprender a usar Photoshop y dejar de pelearme infructuosamente con el incomprensible maquetador de blogger.







domingo, 23 de noviembre de 2014

Personajes de Berlín

Como sé que os ha gustado mucho la entrada sobre Berlín visto por mi madre, hoy publico la segunda entrega escrita por ella. Esperamos que os guste.

La palabra multi-kulti se ha convertido en un término que en gran medida define a Berlín. Significa multicultural y, en efecto, en Berlín puedes ver gente de todo tipo, una enorme mezcla de razas y culturas que aparentemente conviven sin grandes problemas en una ciudad en la que se respira tolerancia, libertad y en la que nadie parece extrañarse de nada.


La ciudad está llena de personajes que son como una fauna bizarra y muy curiosa a ojos del turista. Esta es una lista con algunos de sus especímenes: 

  • Viejos gruñones: Berlineses de toda la vida siempre dispuestos a echarte la charla por incumplir cualquiera de las reglas que ellos consideran sagradas. Yo, cuando me encuentro en una de estas situaciones, intento decir: “Entschuldigung, ich bin Spanisch” (perdone, soy española), para después salir pitando y huir de sus malhumoradas retahílas. También existe la variante  amable, normalmente femenina, que te suelta grandes parrafadas con una sonrisa picara y cariñosa, siempre me come la curiosidad por saber qué habrán querido decirme.
  •  Inspectores de transporte: Cada vez más numerosos, su  truco para pillar a los viajeros sin billete es ir vestidos de paisano, puede ser cualquiera: el macarra musculitos que tienes al lado, la pareja joven que se está dando el lote, una mujer madura de generosa anatomía… pero cuando el tren arranca se ponen en acción y son implacables; una vez que agarran una presa no la sueltan, no valen cuentos ni excusas, y tampoco te libra ser extranjero y poner cara de tonto.


  • Hausmeister (maestro de la casa): Hombre alemán grandón de mediana edad con mono de tirantes lleno de bolsillos de los que sobresalen herramientas de todo tipo; no es un portero al uso sino el verdadero jefe del edificio, que se encarga de que todo funcione. En España sería algo así como la persona de mantenimiento, pero su análogo alemán es mucho más que eso. Este retrato está basado en Thomas, maravilloso Hausmeister de unos estupendos apartamentos turísticos en la Hermannstrasse en los que me he alojado a menudo, y que además de ser eficaz es cariñoso y simpatiquísimo igual que su mujer, Jeannette. Y sí, aunque mucha gente os diga lo contrario, existen alemanes amables y cercanos, por lo menos esa es mi experiencia.

  • Turcos: Puedes ver la variante masculina en los mercados al aire libre pregonando a gritos sus mercancías y precios; el volumen y el sonsonete son los mismos que hasta hace poco se oían en los puestos de nuestro país, también puedes “sufrirlos” jóvenes y chulitos, conduciendo coches de marca a gran velocidad y con la música a todo volumen; otros, sobre todo los de más edad, dan la impresión de pasar la mayor parte del día sentados en cafés fumando en pipa y viendo pasar la vida. A las mujeres se las ve cada vez más tapadas y rodeadas de niños. Siempre me llaman la atención, en las consultas médicas, las mujeres ya mayores sin hablar una palabra de alemán, haciendo ganchillo para matar la espera con una habilidad y una rapidez increíbles, creo que la vida que llevan en Berlín es exactamente la misma que podrían llevar en Estambul: la casa, los hijos, el marido y arrastrar las sayas y los velos, mirando solo el suelo de las aceras. Esta rutina debe romperse a veces en las fiestas, bodas y bautizos, solo hay que ver los escaparates de las numerosas tiendas con trajes de ceremonia a cual más recargado y brillante; aunque también hay chicas jóvenes muy pintadas, alegres, modernas y simpáticas, como las dependientas de una cafetería en Hermannplatz, a las que solo conocíamos de desayunar cinco días y que al vernos con las maletas nos regalaron bollos para nuestro viaje de vuelta.
(Cuando leo el párrafo anterior me siento incomoda  y creo que soy muy atrevida opinando de gente a la que no conozco en absoluto, y que he caído en todos los tópicos habidos y por haber, espero en otro momento dar una visión más justa y cercana.) 
  • Naturistas, vegetarianos, veganos y otras hierbas: Berlín es el reino de “lo verde” y no me refiero a sus parques sino a lo que venimos llamando lo ecológico. Está lleno de tiendas Bio y estos productos también se venden habitualmente en supermercados. Mi hija vivió algunos meses en una WG (casa compartida) En Sonnenalle 70. Sus compañeros veganos todavía deben recordar con espanto la bolsa llena de restos de embutidos españoles que mi sobrina se dejó olvidada en la casa ese verano cuando fue a ver a Aida.

  • Artistas: Es curioso que siempre se habla del exilio juvenil, de la fuga de cerebros e ingenieros y sin embargo nunca se comenta que una gran parte de nuestros artistas viven, o mejor diríamos malviven, fuera de España. En algunos de mis viajes estuve acogida en la casa-estudio de dos artistas españoles a los que quiero mucho. La casa está construida al fondo de un patio, y para mí es un espacio muy especial, apacible y tranquilo, con muy pocos muebles pero llena de todo tipo de objetos y materiales, con olor a pintura, con las escaleras abarrotadas de cuadros cuyas formas y colores me animaban a empezar el día. Varias veces al año la convierten en una galería abierta a todo el que quiera disfrutar de su obra y de sus performances.


  •  Hipsters: Normalmente jóvenes modernos de clase media-alta, que aunque en teoría están en contra del consumo, sin embargo la impresión que me dan es que son esclavos de su aspecto: grandes gafas, barbas, camisetas rotas, pantalones estrechos, minifaldas, parkas, bicicletas caras, todo con un aspecto vintage y descuidado que no engaña a nadie porque la realidad es que van “hechos un pincel”, su llegada masiva anuncia que el barrio en cuestión se está gentrificando, es decir: quítate tú (alemán anciano, turco, artista pobre, etc.) que ya vengo yo porque me mola este barrio tan guay. Esto supone la subida del precio de los alquileres y la expulsión de los antiguos habitantes a zonas cada vez más lejanas y deterioradas. Este fenómeno ya se ha dado en barrios emblemáticos de Berlín como Prenzlauer Berg y Kreuzberg, ahora la tribu hipster está ya “colonizando” Neukölln. Egoístamente hay que reconocer que el barrio se limpia y adecenta, se rehabilitan muchos edificios, surgen nuevas tiendas de diseño,  cafés y restaurantes de moda, pero todo se encarece y al final el barrio acaba perdiendo parte de su antiguo encanto y convirtiéndose en un escaparate para turistas.

    (Isabel Sánchez)












viernes, 7 de noviembre de 2014

10.000 páginas vistas

Esta foto no tiene nada que ver con el tema: una inquietante y hermosa aglomeración de medusas .


Esta entrada son, más que nada, unas palmaditas virtuales en mi propia espalda (da un poco de miedo esta costumbre que estoy adoptando de darme lo virtual por lo real, pero es lo que tiene escribir un blog).
Como podréis ver en los numeritos que están en las profundidades de la página; a donde solo se llega dejando mucho tiempo apretado el cursor o dándole como loca a la rueda del ratón, el blog ha llegado a las 10.000 visitas. Depende de con qué se compare es una cifra ridícula, después de once meses desde que lo abrí, pero para mí es una cifra grandona y significante: son muchísimas personas haciendo click una vez, o tres, o muchas más, son muchos lectores y lectoras y también casualidades, y personas que me han hecho llegar sus comentarios y a las que he conocido en este mundo líquido, gente que habrá huído despavorida ante el aburrimiento y otra a la que he arrancado una sonrisa. Son caricias y pescozones. Es un estadio del camino. 
¡MUCHAS GRACIAS! Esto es lo que os quería decir. Seguiré escribiendo y os tendré presentes cuando me ponga delante del teclado.
Si a alguno os apetece seguirme a través de la página de Facebook de Meriendo libros podeís hacerlo aquí dándole un me gusta.
También os podéis hacer seguidores desde el blog en la columna de la derecha.

Trabajo en proceso









jueves, 30 de octubre de 2014

Imágenes de Berlín

Ya os estaréis acostumbrando a que en el blog, además de libros, muchas veces hay asuntos: reflexiones, cuentos y cosas que se me ocurren. Hoy me acompaña una pluma invitada (y muy cercana) que os va a hablar sobre Berlín, la ciudad en la que vivo, pero de la que no hablo mucho por aquí. A ver qué os parecen sus imágenes de la ciudad.

Mi hija y mi nieta viven en Berlín, y yo voy dos o tres veces al año. Mi impresión de la ciudad no es la de la típica turista que está unos días en un hotel y va corriendo de un sitio a otro para ver los lugares más emblemáticos, pero tampoco puede decirse que la conozca a fondo, sobre todo porque mi alemán se limita a unas pocas frases y porque suelo moverme siempre por los mismos barrios (Neukölln y Kreuzberg), en general fuera de los circuitos turísticos habituales.

Así que lo que voy a contaros son las impresiones subjetivas que ha ido dejándome la ciudad y, como buena española, veréis que continuamente hago comparaciones con mi país.
Dicen que cada ciudad tiene un olor particular, la primera vez que llegué a Berlín el olor me recordó al de los veranos de mi infancia en Gijón: humedad, prados verdes, carbón… Me parecía que la ciudad estaba dentro de un bosque y que en los claros habían ido surgiendo los barrios. También huele a río y a veces casi a mar. El Spree, sus canales y sus puentes van recorriendo y marcando la ciudad y sus orillas, a veces verdes y otras fabriles, y son una parte importante del encanto de Berlín
Otro tópico que se me derrumbó fue el idioma: parece que el alemán tiene que ser duro, seco, estridente, y sin embargo al oído (por supuesto sin entender una palabra) suena suave, claro, musical, pronunciado en voz baja y con continuas formulas de cortesía y no a gritos como es habitual entre nosotros.
La luz de Berlín es melancólica y singular, y su climatología variable e impredecible. En un mismo día el cielo puede estar negro, luego llover a cantaros y de repente desaparecer las nubes y estallar el sol. Guardo una imagen impactante que se me ha quedado grabada: uno de esos días, después de una gran tormenta, vi una luz espectacular al final de una calle y de repente salí a un espacio verde que se extendía inmenso ante mí, con personas paseando a lo lejos, a las que la distancia hacía parecer pequeños muñecos; luego me enteré de que era el famoso aeropuerto de Tempelhof, que hacía poco que había sido cerrado y que ahora es un gigantesco espacio verde de ocio y disfrute para los berlineses: Cometas, bicis, barbacoas, huertos… Para mí  es un lugar especial lleno de recuerdos de  paseos con mi hija y mi nieta, que viven muy cerca. Allí oí a mi nieta diciendo sus primeras palabras en alemán, levantando un dedo y diciendo con su vocecilla: “Ein Eis, bitte”. (un helado, por favor).

Me gusta mucho la arquitectura y los espacios urbanos de la ciudad, y cada vez me parecen más llamativas las diferencias entre Madrid y Berlín. Parecen dos viejas damas que han vivido mucho:

Una de ellas, Madrid, era bonita, sencilla, algo provinciana pero con mucho encanto; en los años 80 le dicen que le ha tocado la lotería y como es muy alegre y con muchas ganas de vivir se lanza a hacer obras en la casa y a comprarlo todo nuevo, y a los pocos años se da cuenta de que el dinero de la lotería se ha esfumado, que los muebles eran muy brillantes y modernos pero de pésima calidad, y que los que tiró a la basura ahora son vintage, valen un riñón en las tiendas de antigüedades y para colmo ella se ha hecho un montón de operaciones de estética y ya nadie la reconoce.

Berlín sin embargo es una señora solida, austera pero orgullosa de su pasado imperial e industrial, y consciente también de su pasado oscuro, el nazismo, para no repetirlo nunca más. Una dama que quiere conservar la memoria y sus señas de identidad gastando lo menos posible.

La primera vez que me perdí paseando por Berlín muchas cosas me recordaron al Madrid de  los años cincuenta, pero a una escala mucho mayor: grandes calles, plazas y avenidas, parques que parecen bosques, inmensas  estaciones de metro, tranvías… y a  pesar del paso de los años y de la guerra, parece que todo se ha conservado tal y como estaba. Los barrios y los edificios parecen antiguos, y como esto es imposible después de los bombardeos, se supone que muchos los han reconstruido piedra a piedra y que se ha intentado mantener todo tal y como era: los picaportes de metal, las escaleras con ventanas de vidrio antiguo, las tarimas y las antiguas estufas de cerámica. Las calles siguen conservando los adoquines, y de noche la iluminación es escasa. Se han conservado estaciones de metro de los años 20 con su estética art deco: los mismos azulejos, las lámparas, etc., y cuando se restauran (una a una, con mucha calma y muy poca maquinaria y personal) se respetan escrupulosamente los materiales originales.

Aún me quedan muchas cosas que contar de Berlín; a estas alturas ya habréis adivinado que mi hija es Aida, la autora del blog, así que si me deja os amenazo con una segunda entrega  y con editar juntas una miniguía de Berlín.


  




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