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domingo, 26 de noviembre de 2017

Clavícula, Marta Sanz




Clavícula, Marta Sanz


Hay dos tipos de libros de Marta Sanz, unos son los de ficción, como Farándula, (que no me llaman mucho la atención) y otros, los autobiográficos, como Lección de anatomía y este: Clavícula, que me encantan y son los que me hacen apreciar su escritura y la gran escritora que es.


Esta es una novela / reflexión / ensayo / libro híbrido sobre la enfermedad, la hipocondria y la precariedad del mundo cultural. Y sobre las complejas pero fluidas relaciones entre estos tres elementos materializados en la vida de Marta Sanz.


El libro empieza con una punzada, un dolor en un punto indeterminado cerca de la clavícula, que sirve de pretexto (que fea palabra para lo que en realidad siente la escritora), para el tema y el proceso creativo de este libro, que va avanzando a la vez que avanza el dolor, las inseguridades, los miedos al futuro... de la autora.


Resuena conmigo porque yo también soy hipocondriaca. Y es una enfermedad incomprendida y denostada por todos los que te rodean, a los que torturas con tus preocupaciones de salud.


Como dice Silvia Nanclares:

"La emoción es el nuevo punk". 

Entonces este libro es muy punki, aún más cuando habla de dinero, de la desazón de creerte de una clase social, pero no tener dinero real para permitírtelo. Y si ella, autora consagrada, está así, imaginaos cómo esta el resto de las personas que se dedican, nos dedicamos, a las letras.

Habla de dinero, con cifras, sin miedo ni verguenza, porque no hay que esconder lo malo, lo difícil, ni cargar con una culpa individual magnificada de lo que en realidad es un problema social: lo pésimamente remunerado que está todo lo que tenga que ver con el mundo de la cultura.


Algunas de las declaraciones de intenciones de Clavícula:

"Es posible que no haya motivos para marcar una línea divisoria y separar con un bisturí los temas literarios de los temas rutinarios, los manojos de cebolletas o las copias de las llaves de la extraña y mórbida descomposición del señor Valdemar".


También hay reflexiones contra la dictadura de la juventud, la turgencia de la vagina y los orgasmos gimnásticos cuando ya se tienen 50, y que sea por obligación, que lo que le jode, sobre todo, es la obligación.


"Pero sé que el estrés es una de las causas de la ausencia de deseo, más allá del desgaste, la saturación, la edad, el aburrimiento, la falta de ocurrencias, la pereza, el miedo, la abulia en sí, las ganas de olvidar el propio cuerpo por dentro y por fuera...


Y sobre los síntomas sociales de la hipocondria.
(Esto podría haberlo escrito yo de mi puño y letra)...

"No me he encerrado en casa y he comentado con todo el mundo las características e intensidad de mis síntomas. El color de mi enfermedad y mis evoluciones. Ahora he de rendir cuentas con todos los que me han escuchado. Siento la mala conciencia de haber sido muy pesada y ahora necesito tranquilizar a mis amigos. Pegar un cerrojazo. No hablar más del asunto. Mentir".


Hablar así sobre el dolor, desde la víscera y la verdad es muy valiente y ya es hora de que la literatura también saque estos temas a la luz y que sean considerados igual de válidos que un análisis histórico o una epopeya familiar.

(*Si te interesa este libro y no lo encuentras en tu librería de barrio o en la biblioteca, puedes comprarlo a través de este enlacey ayudarme a mantener el blog. Muchas gracias.) 



domingo, 19 de noviembre de 2017

Flores en las grietas. Autobiografía y literatura, Richard Ford


Flores en las grietas. Autobiografía y literatura, Richard Ford

Flores en las grietas es una recopilación de artículos, ensayos, prólogos a otros libros y reflexiones de Richard Ford, sobre todo sobre literatura y escritores, pero también sobre la vida, así en general, sobre la extrañeza y la magia que la caracterizan.

De nuevo estoy ante un escritor al que no conozco más que de nombre y del que aún no he leído ninguna novela ni relato, así que este collage literario es mi primer acercamiento a su escritura. Y me gusta.

La primera impresión que me llevo de esta recopilación de escritos de Richard Ford es su inmenso amor por la literatura, por su apuesta por la ficción como forma de acercarse al mundo y herramienta privilegiada para redimir sus miserias y su crueldad.

En "Qué escribimos, por qué lo escribimos y a quién le importa" (ya solo el título me da una pequeña descarga de placer en mi hipotálamo de escritora), Ford se dirige a una audiencia de jóvenes escritores o estudiosos de la literatura tocando las cuerdas justas, aquellas que que separan el plumbor académico  de la visceralidad real de la escritura y de su papel en la sociedad. 

"En efecto, en esos momentos de impotencia, el impulso de escribir o de leer una novela debería ser un impulso salvador".



"En consecuencia, últimamente he pensado a veces que ha de ser muy difícil comenzar a escribir hoy, en un tiempo universitario en el que relatos y novelas son reducidos a la condición de textos a los que se atribuyó el significado opuesto al que evidentemente tienen". 


(Artículo plagado de lúcidas reflexiones sobre lo que ha supuesto la irrupción de los estudios culturales y comparados en las cátedras de Literatura de las universidades norteamericanas, y como estos, más allá del valor innegable de nombrar y dar voz a los márgenes, le quitan todo el valor a la ficción, a lo literario, en favor de la Historia, la psicología o el análisis sociológico).

"(...) en el que piensa que la literatura está en quiebra y es aburrida".

 Flores en las grietas da para mucho más y ha sido un placer leerlo, pero esto es todo lo que me apetece contar sobre él. Si os pica la curiosidad, buscad al hombre del pelo blanco.




viernes, 11 de diciembre de 2015

Nocturno de Chile, Roberto Bolaño


Estoy de vacaciones con mi familia en Gijón. No puedo resistirme a manosear sus libros. Manuel Chaves Nogales, recién comprado y oliendo a páginas sin tocar, tapas duras y porte de libro de Siruela, Benjamin Black anticipa a mi tía absorbida por el sillón perdiéndose en historias de detectives con sabor a cine negro de los 40. 
De una mochila asoma Bolaño, su novela corta Nocturno de Chile. Leo la contraportada, me recorre ese escalofrío de gusto que me produce recordar lo que siento cuando leo a este autor, hace mucho ya, el estremecimiento de placer, el no poder apartar los ojos de sus frases, de sus macabras historias llenas de maldad y poesía, la literatura impregnándolo todo. Sé que he leído Nocturno de Chile, estoy casi segura, pero no sé cuándo, dónde y cómo. Tendré que averiguarlo de nuevo.

Sebastián Urrutia Lacroix, chileno de ascendencia vasca, narra en primera persona su historia, la novela es el monólogo de su vida. Siendo muy joven, recién salido del seminario, conoció a Farewell, un cura que le produce una fascinación rodeada de misterio y malos presagios, y su vida de clérigo, crítico literario y poeta fracasado, discurre por caminos paralelos a los de este misterioso personaje. Es memorable la escena en la que Farewell le invita a su casa de campo para una lectura de poesía de fin de semana junto con Neruda y otros poetas, que de repente convierten la novela casi en una historia de espíritus.
De nuevo la marca de la casa de Bolaño: los ambientes malsanos, la atmósfera anticipatoria, el desasosiego, la importancia de los silencios y de los lugares en los que se desarrollan las vidas de los personajes. La novela está llena de símbolos esbozados y de horrores que van apareciendo con cuentagotas, como la vergonzosa relación de una parte del mundo de la literatura con el círculo del dictador Pinochet en el Chile de los años 70; el clima de complicidad y la participación, explícita u oculta, en las desapariciones de los disidentes, y otros horrores que han permanecido tanto tiempo silenciados.
Nouvelle psicológica, de personajes, simbólica, y que anticipa la increíble maestría de Bolaño en sus dos obras cumbre: Los detectives salvajes y 2666 para elaborar monólogos río, historias que cuentan otras historias, que se bifurcan y crecen ante el lector, hipnotizado ante su prosa que muchas veces duele y corta la respiración.
Ya hablé de mi amor por Bolaño en la reseña de este libro que le dedica su editor y amigo Jorge Herralde.

Comprar este libro aquí.
*(Si compras el libro a través de este enlace me estarás ayudando a seguir con el blog. ¡Muchas gracias!).





domingo, 1 de noviembre de 2015

El verano sin hombres, Siri Hustvedt

Con 18 años leí El palacio en la luna de Paul Auster, y en ese momento de mi vida me marcó, casi como si fuera un libro iniciático, por lo que seguí leyendo todos las novelas de el escritor neoyorquino que iban cayendo en mis manos. Entre ellas, las mejores para mí son La trilogía de Nueva York y la autobiografía A salto de mata, crónica de un fracaso precoz. Sin embargo llegó un momento en el que algunos de sus libros empezaron a parecerme repetitivos, ahondando cada vez más en su exitosa fórmula pero sin arriesgar mucho, y ya no me impresionaban tanto (aunque sigue siendo un escritor de referencia por lo que ha significado para mí).
Hace un par de años, y por casualidad, me enteré de que su mujer, Siri Hustvedt, (la autora de esta novela) también era escritora; y, como pasa constantemente bajo un canon cultural básicamente masculino, caí en la trampa de pensar que ella debía ser una "escritora menor" a la sombra del maestro. Pensamiento machista inconsciente que hasta a las feministas nos traiciona, ya que aún no la había leído.
Las editoriales también han caído en este error ya que Siri Hustvedt ha sido traducida mucho más tarde que su marido. En español está editada por Anagrama (la misma casa que ha publicado todos los libros de Paul Auster). Y lectores ignorantes como yo por fin tenemos la oportunidad de conocerla y desdecirnos de nuestros juicios ignorantes.
Siri Hustvedt es una gran escritora que, en otro registro diferente al de Paul Auster, para nada se merece estar a su sombra.
El verano sin hombres me ha gustado sobre todo por la forma de escribir de la autora, y aunque me parece que tiene más potencial de lo que luego consigue llevar a la práctica, varias personas que han leído otras novelas suyas me han asegurado que esta es una de sus obras menores, así que tengo muchas ganas de leerla más y poder adentrarme en su universo.
Es un universo femenino en el sentido de que los personajes protagonistas son mujeres, y por otra parte también está muy presente el mundo académico, "la intelectualidad". Y esa mezcla me pone, ¡claro que sí! Porque soy mujer y porque echo mucho de menos mujeres inteligentes en las novelas que leo, y reflexiones sobre la cultura, el arte, la literatura o el pensamiento también desde nuestro punto de vista.
El verano sin hombres narra en primera persona la historia de una mujer de mediana edad, Mía, a lo largo de un verano que pasa separada de su marido (con el que lleva casada 30 años), que ha tenido una aventura con otra mujer. A raíz de este hecho la protagonista sufre una crisis mental de la que espera recuperarse encontrándose consigo misma y reflexionando sobre su vida hasta ese momento en un pequeño pueblo y cerca de su madre anciana (sí, en cierto sentido también es una novela familiar).
La novela, partiendo de esta base, juega con varias tramas. Por ejemplo hay, bajo mi punto de vista, una recreación irónica de la novela femenina para revisitarla y romper con sus tópicos. También hace una amplia reflexión metaliteraria, ya que Mía es profesora de literatura y durante ese verano dará clases de escritura creativa a un grupo de chicas adolescentes (con su consiguiente trama sobre acoso escolar). Por otra parte, algo que me ha gustado mucho son las reflexiones sobre psicoanálisis que la escritora intercala en la trama con la excusa de la crisis que ha sufrido Mía, y que están entrelazadas en la obra con gran destreza.
El libro tiene fragmentos brillantes. A todas de las mujeres que intentamos crear y que sentimos que tenemos que luchar por ese "espacio" nos resonaran partes del libro como esta:
"Cruzó mi mente la incómoda certeza de haber carecido casi siempre de un espacio para mí y lo mío, de haberme visto limitada a garabatear algo durante un momento robado. al principio de mi matrimonio trabajaba en la mesa de la cocina y corría a atender a Daisy cuando se despertaba de la siesta. Mis clases y la poesía de mis alumnos (poemas desprovistos de urgencia, cubiertos de lacitos y ornamentos literarios) habían consumido incontables horas de mi tiempo. Lo que sucedía era que había sido incapaz de forjarme un espacio propio, o más bien, que no lo había hecho como debía. Algunas personas se apropian simplemente del espacio que necesitan, expulsando a codazos a los intrusos hasta tomar posesión de él. Boris era capaz de lograrlo sin mover un músculo. Lo único que debía hacer era plantarse allí silencioso como un ratón. Sin embargo yo era un ratón silencioso que alborotaba y arañaba las paredes, pero no me servía para nada. Ahí radica la magia de la autoridad, del dinero, de los penes. (pág. 17. resalte mío).

Y según se avanza en la lectura se vuelve más claro para mí que la historia de desamor de Mía es una excusa (la que menos me interesa) para hablar del patriarcado, de la mujer y su complicada relación con el acto creativo por el papel que se nos ha asignado en la sociedad, de fantasmas, empoderamiento y la importancia del linaje familiares y la madurez vital.
Bueno, pues parece que Siri Hustvedt ha llegado a mi vida para quedarse.

miércoles, 17 de junio de 2015

Las estrategias fatales, Jean Baudrillard


"Lo que fascina a todo el mundo es la corrupción de los signos, es que la realidad, en todo lugar y en todo momento está corrompida por los signos" Jean Baudrillard.

En los últimos meses, o incluso en el último año, leo cada vez más ensayos, y la sociología se ha convertido en el género que no puedo dejar y que me tiene enganchada, aunque no siempre de forma muy fructífera (como en este caso). Creo que leer ensayos que explican o formulan narrativas sobre la sociedad y el mundo que habito, y que a veces tanto me duele, calma la ansiedad que acompaña a ese dolor. 
Pero... no siempre son lecturas para las que esté preparada y a veces saco pocas ideas en claro en medio de un entramado filosófico críptico de difícil comprensión más allá de un par de conceptos que retumban y permanecen. 
Queridos lectores les presento a Baudrillard. El rey de la alusión y el retruécano, el maestro del enrevesamiento, aquel que coge un tema y dice "ahora a deconstruirlo" (¿O ese era Derrida?) hasta que una se encuentra ante palabras y frases que por separado transmiten cosas pero en su estilo misterioso y poético dejo de entender como conjunto.
Este libro tiene virtudes. Es del año 1984 y expone una teoría sobre la deriva de nuestras sociedades occidentales que es una previsión muy acertada de lo que luego se ha ido exacerbando en los siguientes 30 años hasta llegar al paroxismo de Fb, Twitters, Instagram, selfies, presencia, culto y escarnio publico 24/7 en el que vivimos hoy felizmente instalados, y que no es ni más ni menos que la "sociedad del espectáculo". Este concepto fue teorizado por primera vez por el situacionista Guy Debord y Baudrillard lo lleva un paso más allá hablando del simulacro y la hiperrealidad.

De todo el magma indescifrable me quedo con un par de párrafos brillantes y clarividentes:
"Hacer espectáculo de cualquier cosa, perversión de la realidad, distorsión espectacular de los hechos y de las representaciones, el triunfo de la simulación es fascinante como una catástrofe". (Subrayado mío).

"Es el secreto de la publicidad, de la nada, del juego, de todos los sistemas lúbricos (...) así que se alimentan alegremente del mero signo de las cosas, desafiando su verdad -en eso coinciden con las energías mágicas y arcaicas, que siempre han apostado por la omnipotencia de pensamiento en contra de la fuerza del mundo real- energía inmoral que rompe el sentido, que recorre los hechos, las representaciones, los valores recibidos y electriza las sociedades bloqueadas en su imagen platónica".

"Lo registramos todo, pero no lo creemos pues nosotros mismos nos hemos convertido en pantallas (...) Respondemos a la simulación con simulación, nosotros mismos nos hemos convertido en unos dispositivos simuladores". (Subrayado mío). La precisión de esta afirmación hecha en el simbólico año 1984 me estremece.

Pues eso, que Baudrillard es un pensador lúcido e incisivo pero la poética de su estilo puede que acabe contigo si intentas leerlo... y entenderlo todo. Hay capítulos enteros que casi es mejor tomárselos como poesía rizomática.
Si queréis leer una entrada mucho más sería y documentada que la mía sobre este libro fundacional de la postmodernidad seguir este enlace.

Aquí está él con gesto de estar reflexionando sobre el sinsentido de todo esto.


domingo, 5 de abril de 2015

En el café de la juventud perdida, Patrick Modiano

Leí esta novela de Patrick Modiano unos meses antes de que le concedieran el premio Nobel de literatura. Soy consciente de que mi opinión es cuestionable, pero creo que es un Nobel inmerecido. Otro tema interesante sobre el que hablar sería en base a qué criterios se concede este premio, si intenta influir en el establecimiento de un canon, quién entra dentro de ese canon y quién se queda fuera, y por qué. Un ejemplo, aunque no el único, es por qué hay tan pocas mujeres a las que se les haya concedido el Nobel de literatura. 

La efigie nos da algunas pistas: hombre blanco, occidental, heterosexual y pudiente.
 La sensación que me dejó está novela tiene similitudes con el aire. Es ligera, no empalaga, no quema, no moja, no mancha, pero se va como viene. Es vaporosa, poco consistente y se olvida una vez leída con la facilidad con la que una ráfaga de viento se lleva las hojas. Hay un poso, claro que sí, yo no digo que sea una mala novela, y tiene un estilo trabajado, depurado y ambiguo a un tiempo. 
Hay un trasfondo que me interesa, y al que siempre me gusta acercarme, descrito y reflejado de forma diferente dependiendo del escritor: la bohemia, en este caso la paradigmática, que es la parisina. el café del título donde se reúne esa "juventud perdida! conformada por escritores, pintores, poetas malditos, futuros situacionistas y algún otro que simplemente pasaba por allí.
Así que empiezo la lectura con esperanza y algo de ansiedad anticipatoria, pero eso que espero nunca termina de materializarse. Modiano presenta una escena, el planteamiento de una historia, y el lector (o yo por lo menos) espera el nudo, el desarrollo de esa historia, pero llego a la última página de la novela, la 131, y sigo esperando. El autor da vueltas al tema, presenta a los personajes y los deja en una indefinición incómoda paseándolos por un París desértico y cubierto por una neblina pegajosa, sin destino, ni real ni metafórico, más allá del café bohemio al que siempre vuelven como si se movieran en círculos. 
Sé que esta languidez es premeditada y que forma parte de su estilo literario, pero pasado el primer tercio de la novela para mí pierde interés y como he dicho tengo la sensación de que me deja a medias. 
En realidad hay un misterio: una chica que se llama Loukie y que se puede decir que es la protagonista. La información sobre ella la va mostrando a pequeñas dosis. Cuatro hombres nos cuentan su relación con ella, sus encuentros y desencuentros, y todo es inquietante, poético y con un toque siniestro. 
Por lo que leo en algunas críticas esta novela representa bastante bien el universo literario de Patrick Modiano y es como si fuera una parte de una gran obra o poema en prosa que lleva escribiendo desde hace 40 años.
Si cae en mis manos otra de sus novelas podré matizar mi opinión o reafirmarla. Os tendré informados.






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