lunes, 31 de marzo de 2014

Ayyy, Sabina

En esta entrada el libro de marras, Joaquín Sabina, perdonen la tristeza, de Javier Menéndez Flores es sobre todo una excusa para hablar de la persona, el cantante, el personaje, pero sobre todo de lo que han significado para mí las canciones de Joaquín Sabina. Él, como otras cosas a las que hago referencia en este blog ocupa, en primer lugar, un lugar en mi memoria.
 Segunda mitad de los años 80. Es martes, mi padre me lleva en su R5 a casa de mi madre cuando cae la noche sobre Madrid y yo contemplo las luces de la ciudad desde el asiento trasero escuchando Pisa el acelerador o Pongamos que hablo de Madrid, banda sonora de un tiempo sencillo y cheli. Y esto es como un germen de una pasión que aún perdura. Otra imagen son los playbacks del álbum Hotel dulce hotel que interpretaba con emoción plantándome una bufanda a modo de minifalda. Y casi sin darme cuenta convertir a Sabina en el cantor de mi adolescencia en línea diametralmente opuesta a mi descubrimiento del punk patrio. Calle melancolía y Quién me ha robado el mes de abril escuchadas una y otra vez en el walkman, en esa cinta que me grabó N. y que luego reinterpretábamos en las tardes de guitarra y porros en su casa con vistas al parque de las 7 tetas. Y Mentiras piadosas, el primer CD que me compré en mi vida. 

Aquel Sabina trovador del marginado y de un Madrid que ahora tanto añoro y que ya no existe. El poeta callejero que se trabaja las calles encontrando historias, de lumpen y amores de equina. El que convierte las ciudades, a los perdedores, a las mujeres que ama y las que le dejan por imposible en canciones imprescindibles de la música española.

Luego pasé años, a partir de la publicación de 19 días y 500 noches, en que dejé de escucharlo, como si ya no significara nada para mí, casi sintiendo una especie de rechazo al triunfador y cantante de las masas en que yo creía que se había convertido. 
Pero un tiempo después, cuando descansé lo suficiente de su música, descubrí su primer disco, Inventario, y la canción que da título al álbum y 1968 volvieron a alimentar mis fantasías de desamores, frustración, utopía, cinismo y esperanzas:
"Las cosas que me dices cuando callas
los pájaros que anidan en tus manos
el hueco de tu cuerpo entre las sábanas
el tiempo que pasamos insultándonos (...)
El llanto en las esquinas del olvido (...)
El pasado ladrando como un perro
el exilio, la dicha, los retratos. 
La lluvia, el desamparo, los discursos
los papeles que nunca nos unieron
la redención que busco entre tus muslos
tu nombre en la cubierta del cuaderno (...)
El silencio que esgrimes como un muro
tantas cosas hermosas que se han muerto
El naufragio de tantas certidumbres
el derrumbe de dioses y de mitos 
la oscuridad en torno como un túnel
la cama navegando en el vacío (...)
El insomnio, la ausencia, las colillas
el arduo aprendizaje del respeto
las heridas que ya ni Dios nos quita (...)"  (Joaquín Sabina, Inventario)

Se me ponen los pelos de punta cada vez que la escucho.
El libro no es especialmente revelador, más allá de una crónica de discos, actuaciones y pinceladas de la vida privada del músico de Jaén. Eso sí, los dos primeros capítulos, en los que se habla de su infancia, su familia, sus anhelos, lecturas e ideales de la adolescencia y juventud, el exilio de ocho años en Londres y la gestación de sus primeras canciones sí me han servido para conocer más a la persona cuyas canciones han sido tan importantes en mi propia trayectoria vital. Para volver a apreciar esas letras que hacen de él, bajo mi punto de vista, un inmenso poeta urbano que dignifica lo que otros no quisieron tocar en sus canciones: putas, yonquis, quinquis y todo aquel que no triunfó. El cantautor, el roquero, el crápula, el desengañado, el cínico... Un letrista en estado de gracia
Me lo imagino en su azotea con vistas a la Plaza Mayor de Madrid, durmiendo de día, viviendo de noche, cerrando bares mientras se empapa de vida y la canta, aunque le duela.
Y ahora, como todas las cosas que pasan por algo, recupero a Sabina y me lo bebo a morro.

Libro solo recomendable para fans acérrimos.

 
"Aunque muera el verano
 y tenga prisa el invierno
 la primavera sabe que la espero en Madrid". (Yo me bajo en Atocha)

jueves, 27 de marzo de 2014

Para niños: Un libro, Hervé Tullet


La primera vez que lo abrimos le digo a M.: "Este libro es diferente a otros que leemos." "¿Y po qué?". "Porque es un libro mágico que necesita que juegues con él para que pasen cosas". Mi hija me mira con la cara que pone cuando le doy explicaciones enrevesadas y que significa, "déjate de rollos, mamá". Bueno, pues vamos a verlo.




El planteamiento es muy sencillo. Dibujos a mano alzada que imitan los trazos de los niños y pocos elementos. Partiendo de una hoja en blanco con un círculo amarillo en el centro se van dando una serie de instrucciones al lector para que ocurran cosas; y el círculo se convierte en dos, y en cuatro, aparecen otros círculos rojos y azules, se despendolan por la página, hay que colocarlos, soplar cuando todo se vuelve oscuro o agitar el libro con fuerza. Es casi como si se pudiera hablar con el libro.
Reinterpretación de la portada.
En un libro interactivo, o un libro-juego, que no necesita cables o electricidad, lo cual se agradece cuando vivimos tan saturados de pantallas. Está muy bien para practicar con los pequeños lectores los colores, la lateralidad, los números, y a pulsar, aplaudir, soplar, frotar, agitar... para acabar empezando por el final y volviendo al principio. 
Es emocionante ver la cara de los niños cuando van pasando cosas que dependen de lo que ellos hagan.
Lo recomiendo a partir de los tres años, ya que antes no le sacan mucho jugo a los juegos que se plantean.  

Hervé Tullet es un reconocido autor de libros que animan a los niños a usar la imaginación y la creatividad. Los que conozco y más me gustan son ¡Ya llego!¿Pequeño o grande? Cinco sentidos.  




Si quieres comprar el libro puedes hacerlo a través de este enlace y ayudarme a mantener el blog:
Comprar este libro










domingo, 23 de marzo de 2014

Recomendaciones rápidas

Mi madre me ha pedido consejo para regalarle  un libro a una amiga. Me ha especificado que tenía que ser un libro "amable", que no tratase temas complicados, profundos o duros, ya que su amiga no está pasando por su mejor momento y lo que le apetece es distraerse y una historia que le deje un buen sabor de boca. 
A raíz de esta petición (P.D. qué sería de los blogs sin las madres entusiastas que te siguen, te apoyan y quieren hacer comentarios aunque no se apañan con las teclas), he pensado que voy a hacer un consultorio. Una vez cada dos semanas, para no sobresaturarnos ni vosotros ni yo, voy a hacer una recomendación de tres libros. 
Para llevar a cabo esta idea necesito vuestra ayuda. O sea que me escribáis en los comentarios, me paréis por la calle o me llaméis por teléfono para preguntarme por algun libro especial. Por ejemplo: "Aida, me apetece leer una novela experimental de más de mil páginas, ¿qué me recomiendas?" O "¿Me encantaría leer ciencia ficción de calidad pero no sé por dónde empezar?" O "¿Qué libro le regalarías a un antiguo amante al que le gusta el cine de autor?" O lo que se os ocurra
Con estas preguntas yo puedo hacer una especie de consultorio sentimental literario, cambiando los novios ausentes y las fantasías eróticas de salón por libros. 
Por ahora los comentarios de este blog son como un páramo en el que se oye silbar el viento y me ha parecido una buena idea para animarlos, además de ser algo divertido. Si no funciona seguiré haciendo el consultorio inventándome las preguntas y los personajes.
Para empezar le voy a recomendar a mi madre tres libros que son una apuesta segura para su amiga.
  1. El mundo según Garp, John Irving
Porque los libros de John Irving son como vivir una aventura, entrar en una vida y seguirla de cerca hasta conocer todo lo que les pasa y sienten los personajes. Porque es una novela divertida, positiva e irreverente. Porque Garp y su madre me caen bien, luchan contra las convenciones sociales, construyen su propio destino y en el camino conocen mucha gente interesante y excéntrica, y los lectores asistimos a movimientos y acontecimientos importantes en la historia de las libertades civiles del siglo XX en EE UU. Porque el prota es un escritor frustrado e Irving es un genio contando historias.

       2.  Middlesex, Jeffrey Eugenides
 Porque es un novelón, igual que la primera, y me encantan las buenas historias que duran y uno no quiere que acaben. Porque es una saga familiar que se desarrolla a lo largo de todo el siglo XX en Grecia, Detroit (en su auge y decadencia) y Berlín. Porque la protagonista guarda un secreto que es desvelado en el momento justo y que cambia todo el desarrollo posterior de la historia. Porque es un libro feminista y necesario. Porque está muy bien escrito. (Creo que de él hablaré más detalladamente en otra entrada).  

  
 3.  Metafísica de los tubos, Amélie Nothomb

Porque todos los libros autobiográficos de Amélie Nothomb me encantan y me remueven algo por dentro. Porque me apasionan los libros que revisitan la infancia y la transforman en buena literatura. Porque la autora en sus libros se muestra cruel, hipersensible, inteligente, cínica y dotada de un humor distinto a todo lo que he leído. Porque nos cuenta la historia de su vida hasta los tres años como hija de una embajador belga en Japón mientras adopta la forma de tubo o se autoproclama Dios. (Amèlie Nothomb también se merece su propia entrada). Porque me da muchas ganas de escribir.

martes, 18 de marzo de 2014

Libros sobre libros

Cada vez me interesan más los libros de no ficción. Las autobiografías y biografías, los dietarios, los ensayos, los libros de divulgación, los híbridos inclasificables. Dentro de estos hay un lugar especial para los libros que tratan de otros libros. Hay que ver cómo me gusta lo metadiscursivo... y leer sobre leer, sobre libros, escritores, editores e incluso traductores y correctores en apuros lingüísticos. 
Entre los que he leído destaco Como una novela, de Daniel Pennac, Una historia de la lectura, de Alberto Manguel y Lecturas compulsivas. Una invitación, de Félix de Azúa.


El primero es un ensayo que da claves para convertir la lectura en algo apetecible para los niños y los jóvenes. Una especie de animación a la lectura heterodoxa y muy bien argumentada, al estar escrita por un escritor de ficción (su novela La felicidad de los ogros es muy recomendable). El segundo es un ensayo personal sobre la lectura y los lectores, a los que no se nos ha dedicado muchas páginas a pesar de merecérnoslas, ya que sin nosotros la literatura y los libros no tendrían mucho sentido. Es un libro apasionante que va desde la historia personal del autor y su relación con la lectura, a los cambios en la forma de leer y entender este acto que se han dado a lo largo de la historia de la palabra escrita. El libro de Félix de Azúa es una compilación de artículos y reseñas sobre escritores y libros que le han marcado.
Ya me estoy yendo por las ramas. En esta entrada quería hablar de un libro que acabo de terminar que se titula Por orden alfabético (escritores, editores y amigos) escrito por Jorge Herralde. 

sábado, 8 de marzo de 2014

¿Por qué (todavía) no soy escritora?


Qué manía tengo de hacerme preguntas que no sé contestar.
En realidad son un recurso estilístico muy utilizado que se llama "pregunta retórica".
Tengo dos respuestas:
  1. No soy constante
  2. Me falta fuerza de voluntad
Vistas así en su esquemita me parecen dos tentáculos del mismo pulpo.

Recuerdo que cuando aprendí a leer y escribir más o menos decentemente, lo primero que hice fue plagiar sin piedad algunos de los Cuentos de Calleja que Julio, el novio de mi madre, me regaló y que me llamaban poderosamente la atención por ser de diminutos y venir presentados en una especie de cofre. En mi colegio, el Siglo XXI, hacíamos obras de teatro en las que los niños nos ocupabamos de todo el proceso, y no pocas veces me encargué de escribir los guiones. Con diez años descubrí las novelas de misterio de Agatha Christie (creo que la primera que leí fue 10 negritos) y empecé a escribir una obra, que nunca terminé, fusilando el estilo de la dama. La llamé Crimen en el balneario y estaba ambientada en un balneario inglés a pesar de que yo solo conocía los "baños del Raposo" a los que fui acompañando a mi abuela en la Extremadura profunda. 
Como se deduce de este ejercicio de nostalgia, he querido ser escritora desde siempre. Lo que pasa es que he dedicado mucho más tiempo a leer que a escribir y por eso lo hago mejor. Aunque no creo que haya muchos escritores que no sean a su vez ávidos lectores. 
Más tarde he aprendido que lo que hacía siendo una niña, o sea copiar (más o menos abiertamente) las obras que leía, forma parte del aprendizaje del escritor hasta que encuentra una voz propia desde la que expresarse. 
He pasado etapas que creo imprescindibles en ese aprendizaje: diario de adolescente, poesías de juventud, relato breve y juegos con lo experimental, (cuando lo tenía todo por explorar) cuadernos de reflexiones, citas e ideas, e incluso varios esbozos de novelas. El problema es que no he profundizado en ninguna de estas vías. He escrito solo cuando me ha apetecido, cuando me he sentido arrebatada, sin poder contener el impulso irrefrenable de sacar las palabras de algún lugar oscuro y caliente de dentro de mí misma. Siguiendo eso que comunmente se llama inspiración y que solo es una parte de la escritura, y no cultivando la otra parte, la del trabajo. De escribir aunque duela, de pelearme con la hoja en blanco o seguir la máxima de "que la inspiración me pille trabajando". 
A mí la inspiración casi nunca me pillaba trabajando. Venía después de haberme pasado la noche bailando techno, en los pasillos de la facultad, tras beber mucho vino, esperando en el metro, cuando el bolígrafo dejaba de escribir y no tenía otro... 
Me da miedo sentarme delante de la hoja o la pantalla y esperar a que algo ocurra, trabajarme la psicología de los personajes o trazar un plan sobre argumentos entrecruzados. 
Soy demasiado piadosa con lo escribo y me cuesta mucho tachar frases o tirar lo escrito a la basura cuando es objetivamente malo.
Esto es lo que tengo que aprender. La idea romántica del escritor arrebatado, transcribiendo sus ideas casi sin esfuerzo es una idealización. Los escritores, además de eso, sobre todo ejercen un oficio. Y se sientan a escribir, sin ponerse excusas constantemente, como he estado haciendo yo los últimos años. Son profesionales que aman el texto que escriben pero que a la vez se pelean con él, y no tienen piedad, ni miedo a manosearlo y tallarlo hasta que dice algo parecido a lo que ellos tenían en la cabeza.

Qué emocionante ha sido leer las obras en las que los escritores se desnudan y por una vez no hablan por la voz de sus personajes sino que cuentan sus tentativas, sus fracasos, lo que les cuesta escribir, sus rutinas delante de la mesa de trabajo... Me vienen a la cabeza Crónicas de un fracaso precoz de Paul Auster, y por otros motivos más propios de género y de reivindicación del papel de las mujeres en la literatura Un cuarto propio, de Virginia Woolf.

Quizá algún día consiga acabar la novela de ciencia ficción poética que llevo más de diez años planeando y de la que me encanta decir que llevo 30 páginas escritas, cuando en realidad no pasan de 15; o escribir poesías sin caer en el almíbar más pegajoso; o escribir los relatos que tengo en la cabeza y los que ni siquiera son aún un proyecto; o quizás escribir también era esto.


martes, 4 de marzo de 2014

Democracia, Pablo Gutiérrez


¿Por qué me siento tan atraída por los discursos de la desintegración?
Leer sobre el presente calma mis contradicciones, lo que dejo de hacer; me da perspectiva y me ayuda a enfrentarme al mundo, a la existencia precarizada y la mercantilización de lo cotidiano. 
Sin herramientas, una persona sensible en momentos vitales alejados del común y de la construcción de alternativas, puede sentirse francamente superada y perdida. El sistema que habitamos, ufano en su decadencia y arrasándolo todo, mientras que nosotras tenemos que digerir este nido de crisis anidadas y desquiciamiento. 
Aunque desearía con todas mis fuerzas otra ficción, esta es la que habito, y desentrañarla, también leyendo libros que abordan aspectos concretos de estas realidades hipercomplejas, me da recursos para la comprensión del mundo y para no caer en el derrotismo.

Cierro la novela "disfuncional" Democracia en el S-Bahn. Cuesta un poco tragar saliva después de leerla. Siento el amargor y la picazón que provocan los libros que dan una bofetada de realidad, incluso siendo tan oníricos y surreales como este. 
Pablo Gutiérrez, el autor, habla de Historia, el presente y su Crisis, a través de la intrahistoria, la vida de Marco. Él es un joven talento del dibujo inmerso en una vida llana, contada mediante flashbacks, partiendo de septiembre de 2008, momento en el que le echan del trabajo. Asistimos a su especial infancia pasada a solas con Cloe, su madre; a su convencional vida de pareja y por último a su metamorfosis final en poeta subversivo y antihéroe de la resistencia. 
Aquí no hay maniqueísmos, ningún personaje es puro, en realidad todos viven en lo miserable, intentando salvarse.
El narrador, aun manteniendo la tercera persona, se adentra en la subjetividad de muchas voces: Marco, su novia, su madre, su jefe, la presentadora de un programa de sobremesa que Marcos no puede dejar de ver cuando se queda en el paro, etc. Y en otro nivel, llamémosle poético, está George Soros, el megainversor capitalista "antisistema" y su viaje iniciático a la selva para convertirse en el especulador espiritual que dictará los destinos del mundo desde su cabaña de madera, y en el mentor de Marco.
La trama avanza a saltos temporales y de punto de vista entre los distintos personajes que componen el tapiz, y los lectores vamos construyendo a retazos el sentido profundo de la novela. 
La prosa es ágil y uno siente cómo los acontecimientos se suceden como una cascada desbocada.
El planteamiento de partida es muy original al tematizar el presente y la crisis económica desde una perspectiva no estrictamente realista, aunque sí profundamente crítica. Es un texto muy poético, en la que el lenguaje es amasado y llevado por vericuetos experimentales que pueden llegar a sobrecoger.
Hacía tiempo que no leía nada que me haya parecido tan original. Pablo Gutiérrez tiene una voz propia que consigue, además de contar una historia, remover nuestras emociones.

Como dicen alguna de sus críticas, es un "brusco despertar al fin del mundo ficticio de la felicidad instantánea y el dinero fácil". "Ágil, brutal e inteligente".


En la portada hay un dibujo de Miguel Brieva, ilustrador imprescindible del que hablaré pronto.


Querría haber escogido algunas citas de Democracia para cerrar la entrada, pero he marcado tantas páginas que ninguna me parece lo suficientemente representativa.  

Es una novela transgresora y necesaria que hay que leer para poder reflexionar sobre los asuntos que plantean, y eso es lo que recomiendo.





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