domingo, 11 de mayo de 2014

Cuando un escritor te decepciona: Amélie Nothomb

Cuando uno alberga grandes expectativas sobre algo es fácil que ocurra que el objeto de nuestra admiración nos decepcione o desilusione al sentir que no está a la altura de lo que esperábamos. 

A veces esto pasa con los escritores o con sus libros. Una (o sea yo) se siente un poco triste y entabla, entre dientes, una conversación imaginaria con el autor, o autora en este caso: "¿Cómo has podido escribir algo así? Te desmerece. Te copias a ti misma. ¿Se te han acabado las ideas?".

Quizás es más sano acercarse a los libros como si no supiéramos mucho de ellos, sin esperar que ese escritor/a que en otras ocasiones nos ha conmovido, nos ha hecho reír (nos ha trasladado a su infancia, a África, a las entrañas de una persona ruin, a Brooklyn, a un asesinato en un crucero por el Nilo, a un escuela republicana, a su cabeza, a sus obsesiones...) y ha conseguido que, mientras leemos y a veces también después, estemos allí y no aquí, con el libro bien sujeto y quemándonos la pestañas, vuelva a hacerlo con su siguiente libro.


He de reconocer que cuando empecé a leer a Amelié Nothomb caí rendida a sus pies. Con Estupor y temblores consiguió que me pasase dos días deshuevada, sin poder parar de reírme recreando los espantos y humillaciones de trabajar en una empresa japonesa como la que ella describe. En las siguientes semanas cayeron El sabotaje amoroso Metafísica de los tubos, que me parecieron maravillosas recreaciones imaginarias de una infancia seguramente real, y con las que caí en un dulce enamoramiento. "Qué bien escribe". "Si yo fuera capaz de describir así un enamoramiento" "Qué escritora tan especial", y pensamientos por el estilo. Pasaron unos meses y me lancé a leer su primera novela Higiene del asesino, primera decepción a la que no hice mucho caso. "Aún estaba explorando su voz" "Es un ejercicio de estilo"... En fin que me pareció un truño.

Después de un tiempo prudencial Rocío, que fue la que me la presentó, me prestó Biografía del hambre y volvieron las mieles. Aquí habla de sus desordenes alimentarios y su intrincada relación con su faceta de escritora, y me encantó. 
Yo ya empezaba a intuir cual era el truco. O más bien lo que a mí me gustaba de ella como escritora. Y es que coincidía que todas sus novelas autobiográficas me encantaban, y las otras, como poco me dejaban fría, como comprobé con Antichrista, Ácido sulfúrico y Una forma de vida. Bien escritos, con su estilo personal, pero para mí artificiosos y vacíos de vida, como autómatas virtuosos. 

Más adelante leí Ni de Eva ni de Adan, que vuelve a su vida, y que sirvió de pequeña reconciliación, aunque ya sin grandes fastos. 
Y ahora me han regalado Diccionario de nombres propios, pensando que quizás es una de mis escritoras favoritas. Pero no lo es. Y estoy cansada de sus trucos. 

Por aquí también he leído una crítica de alguien a quien su último libro no le ha gustado nada. 







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9 comentarios :

  1. Creo que la vida de Amélie le ha dado material que supo transformar en autobiografía. Una infancia, como se sabe, particular, de embajada en embajada, rodeada de ambientes selectos. Exotismo y también desarraigo, a la par que cierto desclasamiento.
    Empezó a escribir muy joven, y tuvo la suerte de ser publicada en seguida, ¿o no fue tanta suerte?
    Para un artista es difícil mantener esa tensión permanente, necesaria para la creación. Porque cansa y destruye. Por eso comprendo que, de regreso a Bélgica (quizá más desvinculada que nunca pero con éxito) nuestra pequeña Amélie esté pasando por un momento crítico. Tal vez más que nunca porque ya no puede resguardarse detrás del biombo de la anorexia o recrearse con ejercicios de crueldad. Ya no es momento de culpar a sus padres. Es adulta.
    Seamos pues pacientes con ella. Puede que todavía nos ofrezca libros interesantes, si es capaz de desatar sus nudos o se atreve a bucear en su propio pozo. Salir de su ego "neurotizado" que tan buenos resultados literarios le ha dado (no sé si el balance vital le ha compensado).
    Es verdad que encumbrar es peligroso, por eso de las decepciones. Un escritor, como cualquier mortal, tiene sus momentos, sus aciertos y sus bajones. Hay que aceptarlo, así que mejor no mitificar por la presión.
    Por otra parte, estoy llegando a la conclusión de que detrás de cualquier escritor solo hay una obra, siempre la misma. De su talento y de su creatividad depende que nos la presente así o asá. Pero siempre es la misma: la suya. ¿El editor tensa las cuerdas cuando ha encontrado una gallina de los huevos de oro, empujando al escritor a escribir variaciones sobre un mismo tema? No lo sé...
    Un abrazo, Aida. No cansineo más. Hoy, he ido a correos.

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    1. Hola, Laura:
      Cuando escribí esta entrada yo también tuve mis dudas sobre si estaba siendo muy dura con Amélie, de la que muchas novelas, como digo, me han encantado. Pero a veces una empieza a escribir y lo escrito toma vida. Esta me ha salido un poco en este tono criticón, pero también hay algo de un personaje que es la Aida que escribe el blog, y que coincidimos pero no al cien por cien. Me ha dado un poco de penilla imaginarme su yo "persona", que no escritora, leyendo tu entrada. Pues eso, que quizá me ha salido una crítica más destructiva que constructiva.
      Mi yo escritora también tiembla de imaginarse a críticos voraces despedazando lo que escribo, que es parte de lo más íntimo que uno tiene. No te preocupes, que no te voy a leer con el modo criticón activado. Muchísimas gracias por enviármelo tan rauda. Tengo cosas que comentarte de tus entradas pero no he tenido casi tiempo estos días. Un abrazo de vuelta.

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  2. No he leído el libro y por supuesto no creo que lo haga después de dos criticas tan demoledoras.
    Me ha pasado muchas veces: comprar un libro de un escritor de los llamados de primera fila y acordarte de toda su familia, de la editorial prestigiosa que le publica y del maldito critico que puso por las nubes la novela en un famoso suplemento semanal, son autenticas tomaduras de pelo al lector y que parece que no tiene ninguna consecuencia para ellos que siguen instalados en el Olimpo de la literatura.
    Isabel

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  3. No he leído el libro y por supuesto no creo que lo haga después de dos criticas tan demoledoras.
    Me ha pasado muchas veces: comprar un libro de un escritor de los llamados de primera fila y acordarte de toda su familia, de la editorial prestigiosa que le publica y del maldito critico que puso por las nubes la novela en un famoso suplemento semanal, son autenticas tomaduras de pelo al lector y que parece que no tiene ninguna consecuencia para ellos que siguen instalados en el Olimpo de la literatura.
    Isabel

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  4. Pues ácido sulfúrico me pareció impresionante. No he leído todo, pero que escribas muy bien no significa que todo sea maravilloso. A mí en general me ha gustado todo lo que ha leído, porque me parece profunda, me encanta como describe las situaciones y los sentimientos. Y te hace pensar. Mucho.

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. Yo creo que escribir bien, enganchar al lector, describir de forma especial situaciones y sentimientos... y todos los tópicos consabidos del mundo literario (que incluso usan los publicistas para hinchar el negocio), está bien... pero solo bien. Para mi lo importante es que una obra marque, deje poso incluso tiempo después, que sea trascendente y/o que te cambie. De lo primero ya hay mucho, real o forzado por los gurus del sistema. De lo segundo, hay muy poco... por desgracia a veces enterrado entre mediocridad repetitiva y obras estándar mimadas interesadamente.

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  7. Aida, gracias por abrir el debate sobre Amelie Nothomb. Me gusta leer diferentes opiniones ya que llevo años totalmente Nothombizada y no puedo ser objetiva. Más que el contenido o la historia, lo que me apasiona realmente es como pone nombre a sentimientos y sensaciones llevándolas al ridículo absoluto. Leo sus libros en francés con lo que no puedo opinar si con las traducciones se pierden matices. Simplemente Nothomb ha conseguido que lo que me cuenta me importe un pepino. Solo quiero disfrutar de cómo lo cuenta.

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  8. Pues yo pienso que no te excedido en absoluto, al contrario, has estado bastante contenida. Cuando alguien escribe exclusivamente para vender, sin ninguna ambición literaria, publicando rápidamente sin tomarse tiempo para elaborar bien una obra, ideando constantes fuegos de artificio para disimular el vacío de sus planteamientos, cuando alguien hace todo eso, no puede pretender que quienes valoran la literatura le vapuleen sin piedad. Tampoco creo que la importe, ella no escribe literatura sino libros de entretenimiento y ya es suficiente con ganar pasta, no se le va a considerar un genio si no lo es. Porque si tuviese talento, que no lo sé, lo que tiene que hacer es cultivarlo.

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