martes, 1 de julio de 2014

Ansiedad, neuras, mala caligrafía y estructuralismo


Ya habéis visto que en el último mes casi no he escrito en el blog. No tengo mucho tiempo, pero sobre todo tengo una importante dispersión mental. Estoy atravesando uno de mis momentos de, llamémosle, "agobio mental". No sé si tiene mucho sentido escribir sobre ello de forma pública, pero tomándome la escritura como parte de la terapia que no me puedo pagar, sí la tiene. Contar los que nos pasa es muy terapéutico y hacerlo por escrito ayuda también a relativizar, entresacar preocupaciones difusas y verbalizarlas. Es parte de un proceso que no funciona siempre en dirección ascendente sino que oscila, gira sobre sí mismo y muchas veces también va hacia atrás. 
Hechos objetivos que ayudan a la neuritis:
  • Estoy estudiando para examinarme del nivel C2 de alemán. Es una meta bastante aventurada ya que mi conocimiento de este idioma tan ingrato al estudio y la memorización es todavía dubitativo y vacilante. Pero, ayyy, este mundo nuestro adorador de títulos, titulillos y titulotes así me lo demanda para tener más opciones de poder ganarme el pan.
  • Estoy en una fase ingrata del aprendizaje, en la que parece que en vez de avanzar retrocedo y sufro un fuerte bloqueo a la hora de expresarme, es decir, que me trabo, declino incorrectamente y a veces construyo frases, sobre todo si son subordinadas, que se parecen a puzles indescifrables. Lo que más me jode es que cometo una y otra vez los mismos errores, de los que soy consciente en el momento en que salen por mi boca sin poder evitarlo. Cosas de la interlingua me dirían los lingüistas.
  • Para añadirle emoción tengo en marcha algunos trabajos de corrección y proyectos que pueden salir o no dependiendo también de lo que me los trabaje.
Las circunstancias me requieren una extrema concentración, pero por el estrés que me genera el asunto esta brilla por su ausencia. Y a cambio tengo una ristra de pinchazos oculares, dificultad para enfocar las letras, dolores de cabeza, tortícolis, nervios aflorantes, und so weiter, vamos que estoy hecha un cromo.
Siempre he sido una persona hipocondriaca, preocupada por la salud o la falta de ella, y sufro episodios recurrentes de somatización. Dolores difusos e insidiosos que me persiguen cuando estoy agobiada o gracias a los cuales me agobio (pescadillas que se muerden la cola y círculos viciosos dixit). En los últimos veinticinco años he sufrido dolores de estómago sin causa conocida, otitis que parecían no curarse nunca, pinchazos de ovarios y pesadeces pélvicas, cistitis no infecciosas por contracción de la vejiga, migrañas musculares y alguna otra cosa que seguro que me olvido. Y todo desapareció después de un tiempo, que objetivamente no fue corto, tan repentinamente como había aparecido. 
Ahora vuelvo a sufrir "la neura" y el malestar físico hace puntual su aparición: "Cucú, ¿te habías olvidado de mí?".
El agobio esta vez también es mental. Mi capacidad de mantener una conversación interesante y fluída se ralentiza. Las palabras se me escurren antes de llegar a pronunciarlas, como si el alemán ocupara su espacio.
Al volver a estudiar de forma regular asisto como una espectadora alucinada a una serie de carencias: desorden, falta de método y lagunas estructurales= caos mental.
Siempre he sido una persona desordenada y hasta hace poco me he jactado de ello, como si en realidad fuera un don concedido a las mentes creativas que se rebelan contra el convencionalismo y la grisura de la vida, pero poco a poco, y a golpes, estoy aprendiendo que necesito ese orden, del que renegaba, en ciertas parcelas de mi vida y para poder conseguir las metas que me propongo.
Así que lanzo el conjuro al aire para librarme de ello: Estoy harta de las pilas y montones de papeles que sepultan lo que busco. Harta de mi letra manuscrita ininteligible y escorada. Aborrezco no saber estructurar los textos sin saltar de un tema a otro y añoro esa formación en retórica y oratoria que nadie me proporcionó más allá del tedioso estudio de la Poética de Aristóteles y los estructuralistas franceses, leídos por profesores hieráticos de voz monocroma.
Mi profesora de alemán pone los ojos como platos mientras me pregunta: "¿No hacías presentaciones orales de los temas de las asignaturas en seminarios de aprendizaje colectivo? No. ¿No os enseñaban a criticar, a disentir, a llegar a vuestras propias conclusiones sobre las materias? Cuento con los dedos de una mano los profesores que siguieron esa senda. ¿Pero qué estudios universitarios son esos" No tengo respuesta. 
Así que en esas me encuentro en medio de una entretenida crisis académica y con montañas de conocimientos a los que enfrentarme. 
¡Dadme ánimos! 











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5 comentarios :

  1. Ánimo Aída ,tu puedes con eso y con más ,Un besote guapa!

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    Respuestas
    1. Hola, Pablo:
      ¡Qué alegría que me leas! Gracias por las palabras de ánimo. Estoy en ello. Escribirlo es exorcizarlo. Me encantaría verte en Madrid y que conocieras a mi enana. Un beso.

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  2. Querida Aida:
    En tu blog, ese pequeño espacio virtual que copamos, escribes sobre lo que te parece, ¡faltaría! Hay un tiempo para todo; también, para el agobio.
    Una prueba de idioma nivel C2 no es coser y cantar (si supiéramos coser). El alemán, un idioma que disuade con sus mayúsculas intempestivas, sus declinaciones y sus participios cerrando compuertas... ¡Qué te voy a contar que no sufras!
    Pero no te obceques con obtener la mejor nota. Ni siquiera una puntuación notable. Al final, en el diploma pondrán: "Apto", sin que consten esas décimas de más o de menos que tanto desvelo te habrán acarreado (puede que hasta décimas de fiebre). Tú, a lo práctico, en este caso a que te den el título.
    Sobre esos trabajos hipotéticos estoy segura de que los conseguirás porque se nota que tienes el hábito de hacer las cosas bien. Si no fuera así y no te los dieran, tómatelo como un regalo de la providencia, un merecido descanso (bastante improbable, así que el reposo vendrá después de pasar el dichoso examen).
    Procura pausar el estudio; levantarte del escritorio y aprovechar para relajar la vista. El cansancio ocular arremete contra nuestros ojos fatigados por la pantalla y por la lectura. Unos ejercicios muy simples pueden aliviar la vista agotada y evitar esos molestos pinchazos (cerrar y abrir los ojos varias veces; mirar por la ventana hacia el horizonte, si lo hubiera, o salir fuera a otear el paisaje cual pastor).
    También puedes tomarte estos respiros para ordenar apuntes y darle cuatro patadas a ese caos de papeles, carpetas y libretas que te abruma.
    Sobre caligrafía estoy a punto de recetarte los cuadernos Rubio, pero nuestra letra, cuando se desdibuja endiablada, nos está alertando de un embrollo nervioso mental, que podemos apaciguar bailando, por ejemplo.
    A estas alturas, me siento como Elena Francis...
    Me preocupa más el cuadro que refieres sobre algunos dolores físicos que te aquejan (del resto está más a tu alcance el ocuparse).
    Vigila de cerca tu alimentación, pues en momentos de gran entrega tendemos a descuidarla. Estudiar requiere esfuerzo y pudieras tener un ligero déficit de hierro (¿comes lentejas una vez por semana o remolacha en su defecto?); falta de vitaminas B1, B2, B6 y B12 (imprescindibles para el ejercicio intelectual). Procura cocinar hígado, prepararte ensaladas de tomate, y no olvides los frutos secos (mano de santo). Recuerda nuestra dieta mediterránea tan saludable...
    El estrés desencadena un desorden en nuestra salud, a veces para sugerirnos que reduzcamos la velocidad.
    No obstante, me gustaría sugerirte que, si persisten estas molestias (otitis y otras que relatas) te hicieras la prueba de la intolerancia al gluten (esa proteína que está en el pan nuestro de cada día) pues pudieras tener un cuadro de celiaquía sin saberlo (lo que le pasaba a Alicia en el callejón, pero esa es harina de otro costal).
    Esto te lo digo porque me "suena" demasiado lo que cuentas. A tu edad andaba así cada dos por tres y aunque parcheaba la situación, cada vez que me encontraba sometida a cierta presión me descompensaba. Al final, después de muchas vueltas, todo se arregló con una dieta (severa y costosa, pero eficaz). No lo eches en saco roto...
    Por último, ¡nada de miedo escénico! Es muy cierto que en las universidades españolas no nos han preparado debidamente, pero el saber improvisar y el salero lo llevamos en el ADN, ¡no lo olvides!
    Mucha fuerza. Respira hondo... ¡y al toro!
    Abrazos.

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    Respuestas
    1. Hola, Laura:
      Muchas gracias por darme todos estos consejos y ánimos. Tengo claro que hay mucho de actitud mental, por eso he decidido quitarme la careta y escribir sobre ello para desdramatizarlo, aunque quizá la impresión que da al leerlo es la de una queja estratosféricamente grande. Con respecto a lo de la celiaquía, creo que los tiros van por otro lado más mental y de somatización. Esos malestares que relato son puntuales (uno cada vez) y hago un resumen de ellos desde los 11 años. Ahí quería reírme un poco de mi misma en el papel de neurótica hipocondriaca. Intentaré seguir tus consejos (muy interesantes y sabios).
      Un fuerte abrazo. Nos leemos.

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  3. Aida: Me permito insistir. Celiaquía. Lo que leo en tu post tiene un eco claro en mi propia historia. Haz caso.

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