sábado, 7 de noviembre de 2015

Análisis del cuento "Estate violenta" de Cristina Peri Rossi

La uruguaya Cristina Peri Rossi ha sido una de mis escritoras de referencia. He leído gran parte de su obra y su universo me maravilló y atrapo tanto que empecé mi tesina en la universidad sobre su obra, aunque por falta de disciplina nunca llegué a terminarla.

Hoy me gustaría compartir con vosotros el análisis de uno de los cuentos del volumen La rebelión de los niños. Un cuento inquietante y sugerente que no deja indiferente a quien lo lee.

Estate violenta 
comienza ya con un título intrigante que no tiene una relación directa con el argumento del relato. 
Se trata de un guiño intertextual; el nombre de una melodía que aparece en la película Verano violento y que se nombra nada más comenzar el relato en una frase reveladora. «(...) la música de Verano violento era un mensaje secreto e íntimo, una clave que alguien le proporcionaba».

Es un cuento más poético que narrativo, que por momentos funciona casi como un poema en prosa y que perdura en la memoria una vez leído por su capacidad de evocación y su sensitividad.

Julio y Ana van al zoológico y un tigre mira a Ana, lasciva e insistentemente, como si la deseara. La visión del tigre, y sobre todo su mirada, perturban a Ana hasta la obsesión, con Julio como espectador. La tensión sexual que establece con el animal irá in crescendo en la imaginación de Ana, interponiéndose en su relación de pareja con Julio, hasta que una noche, después de un sueño erótico en el que se materializan sus fantasías con el tigre, algo se transforma en Ana y la realidad cede paso a lo onírico, a lo irreal

Este es el argumento de Estate violenta, que forma parte del volumen de cuentos La rebelión de los niños, publicado en 1984. El leiv motiv del libro son los niños, que funcionan como sujetos subversivos que simbolizan lo nuevo, la revolución, lo que se opone al mundo rancio, anquilosado y cerrado de los adultos. Aquí ese papel lo juega el tigre.

Julio, Ana y un tigre son los tres únicos personajes del cuento y, bajo mi punto de vista, forman un triángulo amoroso “disfuncional”.

Con estos elementos Cristina Peri Rossi da rienda suelta a un relato sobre el deseo y la pasión, temas que más adelante se convertirán en uno de los ejes vertebradores de su obra, sobre todo en la poesía y en las novelas Solitario de amor (1988), La última noche de Dostoievski (1992) El amor es una droga dura (1999). Para mí, sin lugar a dudas, se le puede calificar de cuento erótico. Según avanza el relato uno se da cuenta de que el protagonista es el tigre, o la relación que se establece entre el animal y Ana, aunque casi todo el tiempo la historia es analizada bajo el prisma racional y culturizador de Julio. Una relación “erótica” entre animal y humana (como si se tratara de una reinterpretación moderna de la leyenda de la bella y la bestia, o las alusiones directas que se hacen en el cuento a los mitos griegos de unión sexual entre una mortal y un animal, como Parsifae y el toro, y Leda y el cisne). 

Los temas mitológicos son un leiv motiv de muchos de sus cuentos y novelas.
Las obras de C. P. R. son muy simbólicas, y en este cuento el simbolismo se centra en los personajes: Julio representaría lo racional, lo adulto; Ana representaría lo femenino, lo sensual; y el tigre representaría lo instintivo, lo irracional, lo salvaje. El tigre es un elemento perturbador de la realidad y se puede interpretar como un símbolo de “lo otro” (lo desconocido, lo misterioso, lo mítico), tema recurrente de trascendencias filosóficas en la literatura latinoamericana. «De pronto la cara de un tigre se convertía en un mapa fascinante, lleno de revelaciones que atravesaban sin dificultad el tiempo y el espacio». Entre Julio y el tigre se establece una “lucha”, en el sentido figurado, para ver quién es el más “macho”, y gana el tigre. Lo irracional, lo fantástico se erige sobre lo lógico y lo racional. 
Se puede interpretar el tigre como símbolo de muchas otras cosas: un voyeur que transforma lo que mira, su objeto de deseo, en este caso el personaje de Ana; también es una puerta a lo desconocido "como si las brillantes rayas de la cara del animal la hubieran colocado delante de una revelación cuyo misterio aún la deslumbraba", un amante... 
El tigre es el elemento poético que según avanza el relato pasa de turbar y asustar a Ana a poseerla, este cambio tiene dos momentos álgidos: el primero es el obsesivo interés de Ana por todo lo relacionado con los tigres y que desemboca en un suerte de mimetización entre el el animal y ella, que intenta andar, ver y sentir como lo haría un tigre; y el segundo es el sueño que tiene Ana con el tigre, que es el clímax del cuento y su punto álgido erótico. En él se describe de forma poética y muy sensual como Ana  lame al tigre hasta encontrar su carne. 
La Ana incompleta, soñadora, melancólica se empodera, se siente completa, percibe la realidad desde otro punto de vista.
Paralelamente a la historia central se dan pinceladas que nos hablan de la relación de Ana y Julio “Ana se alejaba o se acercaba a él según tensiones o impulsos que había que aceptar sin someter a ningún análisis, como se aceptan las lluvias, las tormentas, los eclipses y los días de sol”.

En cuanto al aspecto formal es un cuento menos experimental que otros suyos en los que juega con la ambigüedad de la voz del narrador, la polifonía o el fragmentarismo. En este, en cambio, nos encontramos con un narrador omnisciente en tercera persona que no varía, y no hay saltos temporales o espaciales. La experimentación está más en la forma de tratar el lenguaje, de acariciar las palabras para transmitir lo sensual y lo sexual, y convertir la prosa en poesía por su poder de evocación y sus imágenes. 
Hay una gran riqueza metafórica y hermosas enumeraciones poéticas. “desolador rugido, lamento de saxo y de sexo, grito desgarrador, mugido, vagido, ulular de sirena, queja de quena, como un salteador de caminos, como un animal en ciudad extraña, como un niño extraviado en la noche, bandido herido, mujer abandonada, barco que aúlla en medio de la niebla, hace señales, grito de viudo”. Este es un ejemplo de su uso del lenguaje en el que se da una concentración de comparaciones, enumeraciones y metáforas que evitan las combinaciones convencionales e introducen un matiz de sentido inusual. También es una muestra del gran lirismo en el uso de las imágenes.

La idea del cuento partió de una historia real que Julio Cortázar le contó a la autora en 1977, y sobre la que le sugirió que debería escribir un relato, como cuenta la propia Peri Rossi a Gustavo San Román en una entrevista que le hizo en 1986. Es curioso ya que los animales también aparecen en varios cuentos de Cortázar en situaciones inverosímiles que desafían la lógica y el sentido racional, como si habitaran un mundo mítico-mágico fuera del tiempo y del espacio racional concreto e irrumpieran en la realidad para transformarla y subvertirla. 
Exactamente lo que ocurre con el tigre de Estate violenta, y que tiene su apogeo en el último párrafo del cuento cuando se insinúa que el tigre ha aparecido en mitad de la noche no se sabe cómo en casa de Ana. “Y de pronto, de la espesa oscuridad de los muebles, de las paredes en penumbra, de la felpa del sofá que parece un bosque, en la oscuridad de las cosas y de la sala, escucha un rugido hondo y penetrante. Un grito desgarrador e implorante. 
El rugido ansioso, dolorido, anhelante, de un tigre en acecho". Así termina el cuento, un final abierto que insinúa más que dice claramente y que el lector puede y debe interpretar según su propio criterio ¿Ana sigue soñando? ¿El tigre está realmente en su casa? 
Si queréis saberlo... leed el cuento.

(Este análisis lo escribí para una revista, pero por diversas razones al final no fue publicado, por eso he decido compartirlo por aquí y que vea un poco de mundo).














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2 comentarios :

  1. Hace poco comenté precisamente un libro de Peri Rossi ("Julio Córtazar y Cris"). Creo que de lo primero que leí, hace mucho tiempo, de ella fue precisamente "La rebelión de los niños": Tengo a Cristina Peri Rossi fundamentalmente como poeta, así que no me sorprende ese perfil poético, más que narrativo, en su prosa.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Ana:
      Es curioso porque para mí Peri Rossi es sobre todo una escritora de narrativa, eso sí, muy poética. Después de leer varias de sus novelas y libros de cuentos, me hice con edición de sus poesías completas en Lumen, que es una delicia que padaleo poco a poco.

      Eliminar

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