miércoles, 10 de septiembre de 2014

Para Roberto Bolaño, Jorge Herralde


Hace tiempo que no leo a Roberto Bolaño, aunque me queda poco por merendarme de su obra: He leído los cuentos de Putas asesinas, Llamadas telefónicas y El gaucho insufrible. Los poemas en prosa de Tres, las novelas cortas Nocturno de Chile, Estrella distante y Una novelita lumpen, los ensayos y reflexiones de Entre paréntesis y, por supuesto, sus dos novelas fundamentales (y fundacionales) Los detectives salvajes y 2666, que me produjeron, sobre todo la primera, la honda impresión que dejan los libros imprescindibles en la biografía íntima. 


En Para Roberto Bolaño,el libro que hoy reseño, el editor y cabeza visible de Anagrama, Jorge Herralde, del que ya he hablado por aquí en su faceta de "escritor sobre escritores", hace un homenaje a Bolaño recuperando una serie de textos que escribió después de su muerte en el 2003.

Herralde recuerda, con sentidas y acertadas palabras, al escritor y al amigo. Dice de él: "Su radicalidad estética, ética y política, tan insobornables, diría, como inevitables, desde aquel joven adolescente en México, con gestos dadaístas, bajo el signo de Rimbaud, un desesperado escribiendo para desesperados, pese a las advertencias del pragmático sentido común".

A través de estas páginas de recuerdo y admiración, Bolaño se me hace aún más humano y consiguen que vea algo de la persona que late bajo el escritor. Entiendo mejor por qué para él no había vida posible sin literatura, como vivió por y para la ella con una desesperación furiosa, malviviendo con escasos recursos económicos durante muchísimos años sin renunciar nunca a la escritura, y solo reconocido como el grandísimo escritor que es en los últimos años de su vida. 
Como esa lucha atravesó sus textos haciendo que rebosaran verdad y valor. Al leer a Bolaño uno no ve el artificio de la creación literaria y sí, en cambio, el desgarro de existencias que son reales en sus intrincadas novelas o en sus desasosegantes cuentos; vidas intertextuales y realidad trágica. 

Un chileno universal, eterno exiliado sin patria que renovó la literatura latinoamericana. 

 Los detectives salvajes fue la novela que le consagró  y que le dio a conocer al gran público. Se publicó en noviembre de 1998 y ha sido descrita por la crítica como "la mejor novela mexicana desde La región más transparente o la mejor novela sobre México desde Bajo el volcán", y como la califica Masoliver Rodenas "una de las mejores novelas mexicanas contemporáneas escrita por un chileno que reside en Cataluña". Esta novela ha marcado a una generación, como en su momento lo hizo la Rayuela de Cortázar.

La bifurcante historia en el tiempo y en el espacio de los poetas real visceralistas Ulises Lima y Arturo Belano (el propio Bolaño), su descarnada búsqueda de la poeta desaparecida, Cesarea Tinarejo, que les llevará hasta el desierto de Sonora, y el retrato a lo largo de veinte años (entre 1975 y 1995) y mediante discursos polifónicos, de las voces y jodidas existencias de una generación de poetas latinoamericanos que se jugaron la vida a la carta de la literatura. 
Escribiendo estas líneas me recorre el gusanillo de volver a leerla, y espero que sobrecogerme, como aquella primera vez. 

Si no habéis leído a Bolaño, ya estáis tardando.
Bolaño en Girona en 1981
 Para Roberto Bolaño, Jorge Herralde
Acantilado, Barcelona, 2005

















domingo, 7 de septiembre de 2014

Lecturas por meses: julio y agosto


Leer, ahora, es un refugio.

Este verano he hecho dos grandes descubrimientos: la escritora Marta Sanz y la novela Stone Junction. De los libros de verano todavía tengo un par a medias (leer a trompicones es uno de mis defectos lectores) y otros que son ensayos o libros de divulgación, y que voy leyendo poco a poco.
  1. La lección de anatomía, Marta Sanz: Logradísima novela autobiográfica de una autora de la que nunca había oído hablar y de la que estoy deseando leer más. Espero escribir una reseña individual y contaos más detalles. 
  2. Stone Junction, Jim Dodge: Maravillosa, transportadora y obnubilante novela de la que ya he hablado en esta reseña
  3. La dulce, Fiodor Dostoievski: Nouvelle que trata algunos de los temas recurrentes del autor y que está escrita en forma de monólogo interior (técnica rompedora en la literatura del siglo XIX). La edición, de la editorial Funambulista, está extremadamente cuidada.
  4. El vano ayer,Isaac Rosa: Novela política y de realismo social ambientada en el movimiento antifranquista universitario de los años 60. El tratamiento es completamente diferente a los tópicos del género. Interesante y necesaria. Aún no la he terminado.
  5. La trabajadora, Elvira Navarro: Novela sobre la locura y la precariedad. Me ha gustado pero también me ha dejado un poco fría. He escrito una reseña aquí.
  6. Black Out, Mark Elsberg: Típico bestseller de estación que estoy leyendo para mejorar mi alemán. La premisa me pareció interesante: un apagón eléctrico en toda Europa en pleno invierno, diferentes escenarios, una investigación y lo que va ocurriendo según pasan los días. Solo he leído 200 páginas de 700. El vocabulario técnico es complicado y los personajes y situaciones son planos como papelillos.
  7. Arte del verso, Breve introducción a la teoría literaria y otros, los estoy leyendo por motivos de trabajo o formación.  





 

lunes, 1 de septiembre de 2014

Stone Junction. Una epopeya alquímica, Jim Dodge


Ana (la librera de Bartleby) me recomendó Stone Junction con un entusiasmo contagioso, sus palabras fueron: "libro imprescindible" y "al que lo lee le cambia la vida". Ufff, qué ganas... y qué vértigo. Me sentía como si me estuviese encomendando un tesoro que había que leer para pasar a formar parte del club de admiradores incondicionales de esta novela iniciática, los guardianes de un secreto y una filosofía de vida. Bueno, pues aunque os parezca una exageración, todo lo que me dijo es verdad.
Stone Junction es "un diamante en bruto", un novela celebradora de la vida con todo lo que esta tiene de juego, de maravilla, de azar y destinación, pero también de infortunio y tristeza.

Después de leer una ristra de novelas autorreferenciales, con mucha reflexión literaria implícita y explícita, y unas cuantas distopías postmodernas, este es el libro que necesitaba. Una novela de iniciación y aprendizaje, irreverente, divertida, enternecedora, sincera y perfectamente construida, que consigue que el lector se sumerja en su universo y no quiera abandonarlo. 


¿Qué puedes esperar de esta novela?

En cierto sentido Stone Junction es una reinterpretación del mito de Robin Hood ambientado en el medio oeste americano en las últimas décadas del siglo XX; y es también un retrato alucinado de la América underground, que cuenta las peripecias de un grupo de personajes al margen del stablishment jugando la carta de la justicia poética que la realidad se empeña en negarles. 

Esta vez los marginados ganan y se desenvuelven en un mundo en el que ellos marcan las reglas y manejan el robo y el engaño en su propio beneficio pero siempre guiados por unas pautas morales que se ponen del lado del que lo necesita, lo que viene siendo quitarle al rico para dárselo al pobre. 

Resumen

La primera parte de la novela, el nacimiento e infancia de Daniel Paesse, al que acompañamos junto a su madre, una huérfana de 16 años a la que le han arrebatado todo menos la determinación, me absorbe como un viaje hipnótico. Todo lo que podría salir mal y lo que uno imagina que va a ser un terrible drama familiar se da la vuelta por arte de magia, y porque la fuerte e ingobernable Anabelle tiene las cosas muy claras, tanto que el universo se pone de su parte para que a ella y a su recién nacido no les falte de nada. En medio de una carretera perdida y bajo un diluvio son recogidos en un coche por Smiling Jack, miembro de la AMO (asociación de magos y forajidos), una organización secreta que velará por sus intereses a partir de ese momento y que actúa al margen de leyes y de gobiernos. 

Daniel tiene esa suerte de infancia mágica y salvaje que muchos casi ni nos atrevemos a soñar. Sin ataduras, obligaciones ni falsa moral. Él pasa sus primeros años en la Naturaleza conociendo a una serie de extravagantes personajes mandados por la AMO para que se refugien en su rancho, y que se convierten en amigos y maestros del niño. No hay nada que entorpezca esa formación libertaria y gozosa, y Daniel se perfila como un antihéroe muy especial. 

Hay pasajes memorables que casi me han hecho llorar de emoción, como aquel en que los personajes corren desnudos por las praderas bajo una lluvia torrencial, momentos descritos con tal limpidez y viveza que uno casi se siente allí, y como dice una de sus críticas, "Es esa clase de libros que te empujan a embadurnarte con sangre de cerdo y a soltar improperios a la congregación desde el tejado". 
A partir de aquí se despliega una grandiosa aventura en la que iremos descubriendo, con Daniel, principios filosóficos inseparables de la vida, artes mágicas, uso recreativo y trascendente de un buen puñado de drogas, alquimia contemporánea, resistencias y libertad...
y bueno, ya he contado mucho más de lo prudente. 

Dejad lo que estéis haciendo e ir en busca de Stone Juction. Es un regalo, un libro lleno de enseñanzas vitales que no pretende adoctrinar, pero que a mí me ha enseñado mucho. 

(Si te interesa este libro y no lo encuentras en tu librería de barrio o en la biblioteca, puedes comprarlo a través de este enlace).  




lunes, 25 de agosto de 2014

La trabajadora, Elvira Navarro

Leer ficciones que nombran aspectos de mi propia realidad me calma y me hace sentirme menos sola. Me acerqué a La trabajadora con buena disposición, la de leer sobre una correctora de textos y su existencia en precario. Sin embargo al principio me resultó un poco decepcionante. La primera parte de la novela, separada de la segunda como un anexo de esta, me resultó densa, deslabazada y sin mucho interés. Sentía que en el relato despersonalizado de Susana, una mujer medicada por problemas mentales que no se especifican, y su relación con un hombre enano al que ha conocido poniendo anuncios en las páginas de contactos en los que buscaba a alguien que "le lamiera el coño con la regla en un día de luna llena", faltaba algoy la pretendida provocación me parecía algo impostada. Me molestaban las anotaciones en cursiva hechas por otra mujer, Elisa, la narradora de la historia, que transcribe lo que Susana le cuenta, y que subrayan cómo se sentía mientras Susana desplegaba su historia incoherente y quizá mentirosa. El punto de vista objetivista y frío no me atraía, pero es cierto que la segunda parte, La trabajadora, a pesar de mantener un tono similar ha conseguido interesarme más: una correctora a la que pagan tarde y mal (a la que acompañamos, con un malestar difuso, en la degradación de sus condiciones de trabajo), el teletrabajo en la era de las distracciones 2.0, una estabilidad emocional frágil y tambaleante, la medicación psiquiátrica como un personaje más, las existencias a la deriva sin rotura de platos ni dramas griegos, pisos desangelados y siniestros, un Madrid de extrarradio por el que Elisa transita, a veces sin rumbo, plasmado en descripciones concisas y que se alza, o se hunde, amenazador y bello a un tiempo, la relación entre las dos mujeres, sus incomprensiones, recelos y la extraña forma de amistad que sostienen... y poco más, elementos atrayentes pero que no contruyen un todo. Es Un libro lánguido que crea una acertada atmósfera desasosegante pero al que le falta algo.



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